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Entradas con la etiqueta ‘ESTADOS UNIDOS’

8 de octubre de 2009

Buenos días Christian:  …  Bueno a lo que interesa, tenemos que darte las gracias, porque todo ha ido sobre ruedas, los hoteles estupendos y la situación inmejorable, más céntricos imposible, el de Nueva York era el que nos pillaba más lejos, pero por las distancias de esta ciudad que son impresionantes, pero estabamos en la zona más cara de Manhattan.  Los vuelos a su hora, la recogida en Nueva York muy bien, hicimos dos excursiones con la agencia y muy bien, lo único que nos consiguieron las entradas para el Empire State y para «El Fantasma de la Opera», y nos habían tachado el precio y por supuesto, no era el sitio para lo que nos habían cobrado, pero bueno esto no deja de ser una anécdota, la recogida en Washington, como no nos avisaron a que hora pasaban pues los esperamos con bastante tiempo y nos recogieron y llegamos muy bien.

Así que todo perfecto, y no dudes que volveremos a viajar con vosotros, y que hago extensivo a mis amigos y conocidos que me han preguntado que tal con vuestra agencia.

En cuanto a tí sólo decir que el trato ha sido exquisito.

Un abrazo.

Mª Victoria





8 de mayo de 2009

DÍA 7 (15.08.2009) GALENA-GREAT RIVER ROAD-SPRINGFIELD-ARTHUR (AMISH COUNTRY)

En el hotel el desayuno va incluido, lo cuál es muy poco frecuente en los Estados Unidos, por lo que almorzamos antes de salir. Nos ponemos en marcha directos al pueblo de Galena, al que llegamos en dos minutos. Cómo casi todos los pueblos de Estados Unidos tiene el enorme depósito de agua con el nombre del pueblo escrito en lo alto. La verdad es que es muy práctico para identificar rápidamente cualquier población y también es una manera de embellecerlos. Aparcamos sin ningún problema y damos una vuelta. El pueblo (que es una segunda residencia para algunos ricos habitantes de Chicago, ya que se encuentra a 260 km) es una joya de la arquitectura de finales del siglo XIX (gracias al próspero negocio de la minería del plomo) enclavado en el margen de una colina a lo largo del río Galena, en una zona un tanto boscosa. El pueblo es una auténtica maravilla, y a esta hora en la calle principal no hay ningún turista. Es otro oasis en un paraje perfecto. Un sitio de obligada visita. La parte más interesante es la de la calle Main Street y sus calles paralelas, una al lado del río y la otra en la colina, con un pronunciado desnivel. Hay numerosos restaurantes y tiendas de antigüedades. También es destacable la cantidad de pequeñas iglesias que hay por el pueblo y las numerosas mansiones de estilo victoriano, algunas realmente extraordinarias. Cuando el pueblo se empieza a llenar de gente, nos volvemos al coche y nos marchamos. Aquí en Illinois ya es bastante frecuente la presencia de personas de color, absolutamente inexistentes (nosotros no los hemos visto) en los estados de Dakota (Norte y Sur), Nebraska y Iowa, cosa que más o menos nos sorprende tratándose de Estados Unidos.

Después de Galena, hemos decidido ir bajando por la carretera paralela al río Mississippi, la conocida como Great River Road (que tiene una logitud de 3,765 km), que en nuestro caso transcurre por dos estados (Illinois y Iowa), cada uno con una ribera del río y que baja siguiendo el curso del río aunque de vez en cuando la carretera se separa y atraviesa frondosas zonas de árboles. El río Mississippi forma parte de la de la cultura estadounidense y de su economía, ya que el río ‘afecta’ por medio de él y de sus afluentes a 31 estados y es el gran río de Norteamérica. Bajamos por la 84 hasta Savanna, y cuando encontramos un puente lo cruzamos y cambiamos de estado. Pasamos poblaciones como Clinton, Fulton, Albany, Port Byron, hasta las Quad Cities, 4 ciudades juntas unidas entre si. La anchura del río es variable (muy grande en comparación con nuestros ríos), llegando a veces a tener 700 metros de ancho (el cuentakilómetros nos permite tomar medidas aproximadas) y destaca su poca pendiente y su enorme caudal. Durante el trayecto hemos visto un par de barcos muy grandes. En las dos riberas hay una vía del tren que discurre paralela al río y que sirve de vía de comunicación transversal del país. Se ven numerosas embarcaciones de recreo (el río en esta parte es una balsa de aceite) y habría que saber si se ve ambiente porque es verano (es lo que creo) o es gente que vive todo el año. La verdad es que de vez en cuando se ven zonas muy bien cuidadas con numerosas casas abiertas a la calle o al río, en donde todos parece que se conocen; con las mecedoras en las terrazas,  la barbacoa al lado del parking, y la mayoría con dos coches. Supongo que con lo largo que es el río habrá muchos otros tramos más interesantes y más bellos, pero en nuestro caso hemos vista una parte del río Mississippi sin nada especial, más allá de algunos barrios, de algunos puentes metálicos y de la amplitud del río.

Cogemos la Interestatal 80 en dirección este y luego la 74 en dirección sur, pasando por Galesburg y Peoria y luego por la 155 hasta Springfield (la capital de estado). La interestatal 80 es la segunda autopista más larga de los Estados Unidos, con casi 3.000 millas y cruza de punta a punta el país (cómo curiosidad, la carretera más larga del mundo es la Highway 1 de Australia que da la vuelta a todo el país por la costa; tiene 24.000 kilómetros). El paisaje a ambos lados es muy monótono y plano; podríamos decir que la autopista discurre atravesando zonas agrícolas en medio de una inmensa llanura. Antes de llegar a Springfield tiene lugar una esperpéntica situación en la autopista; cuando nos disponemos a adelantar a dos coches que circulan por el carril de la derecha, la conductora del coche de atrás nos avisa de que el coche de delante es la policía (el típico Ford Victoria Crown blanco). Frenamos un poco y nos mantenemos a su altura. El policía va a la máxima velocidad permitida con lo que si le pasas te puede parar. A partir de aquí van llegando coches y la situación se va repitiendo: por el retrovisor ves un coche que se aproxima rápido y cuando se da cuenta que hay un numeroso grupo de vehículos que circulan juntos y que el primero de todos es un Ford, reduce y se pone a la altura de los demás. Al cabo de varios minutos los conductores nos vamos mirando y riendo. Cuando la interestatal tiene 3 carriles la cosa es aún más surrealista, ya que los coches van intercambiando posiciones entre si, pero nadie se atreve a rebasar a la policía. Mientras aguantamos la situación nos preguntamos si el policía es consciente de la situación. Esta situación dura más de media hora hasta que el coche de la policía sale de la autopista. En cuanto vemos que ya no tiene visual sobre nosotros, todos pisamos a fondo y unos 50 coches empiezan una desbandada general, al estilo ‘Los locos del Cannonball’.

Entramos en Springfield, y todo la ciudad gira en torno al Presidente Abraham Lincoln, ya que aquí vivió la mayor parte de su vida; su tumba y el Abraham Lincoln Presidencial Library & Museum son el mayor reclamo turístico. Por todos lados hay indicaciones y referencias a su persona. Entramos para ver la ciudad, ya que la tumba nos interesa más bien poco y vamos cruzando calles que llevan nombres de Presidentes de los Estados Unidos. Como tampoco tiene nada especial salimos de ella en busca de la carretera que nos llevará a territorio Amish, aunque antes nos encontramos con un enorme caos circulatorio por culpa de una feria de no se qué. Todas las calles están cortadas y nos cuesta un poco encontrar una salida. Cuando ya hace un rato que hemos salido nos damos cuenta que nos hemos equivocado de carretera y que estamos bajando por la carretera 29. Rectificamos y nos vamos a buscar la 48 en dirección norte hacia Decatur. Cogemos carreteras muy locales, en medio de altísimos campos de maíz y con los omnipresentes postes de teléfono a un lado de la carretera. Estas vías tan locales y desiertas de coches  nos permiten correr un poco para recuperar el tiempo perdido. En los campos se ven numerosas granjas, aunque a diferencia de Iowa no están pintadas de rojo, sino mayoritariamente blancas. Cruzamos Decatur, Hammond y llegamos a la zona Amish de Illinois que forman oficialmente las pequeñas poblaciones de Arcola, Arthur, Sullivan y Tuscola, una de las 22 comunidades existentes en Norteamérica.
La primera que veremos será la de Arthur (que hemos leído que es principal población Amish de la zona con unos 2.220 residentes Amish) y cuando estamos a un par de kilómetros de la población, vemos de frente un carruaje típicamente Amish que de pronto gira a la izquierda por un camino de tierra que lleva a una granja que hay a lo lejos. Mi mujer se muestra emocionada ya que siempre había querido verlos y ahora los tiene enfrente. Entramos en Arthur y están por todas partes. Esto se parece al pueblo de la película ‘Único Testigo’ con Harrison Ford, que transcurre en la región Amish de Pennsylvania. Hay numerosos carruajes, calesas y bicicletas circulando y llama la atención la indumentaria: ropas muy sencillas, con los hombres con largas barbas y sombreros claros de paja y las mujeres con vestidos y cofias blancas. Aparcamos y nos ponemos a dar una vuelta. Lo primero que sorprende es el constante ruido de caballos que se escucha, tanto por la calle principal como por la calles paralelas, los carruajes que circulan son de dos tipos: cubiertos y de tipo carroza, aunque todos tienen luces traseras y el triangulo deflector. Pasamos por delante de la oficina de información Amish, pero está  cerrada. Como hemos leído que no les gustan las fotos, evitaremos disparar buscando el retrato cercano. El centro del pueblo es muy pequeño y en seguida lo hemos recorrido.
Los Amish son un grupo religioso cristiano de doctrina anabaptista, que se caracteriza por rechazar las tecnologías modernas, lo que significa que viven en muchos casos como en el siglo XVII y además de trabajar manualmente en el campo, se dedican también a la construcción y al trabajo artesanal (en las zonas donde hay turismo). Creen en el pacifismo y en la vida sencilla y entre ellos hay notables diferencias, ya que lo que puede ser aceptable en una comunidad, puede no serlo en otra. Los Amish no creen que toda la tecnología sea malvada, de hecho, algunas comunidades pueden aceptar tecnología después de debatirse entre los diferentes miembros. De hecho, hemos visto a una familia Amish meterse en una furgoneta y conducirla ellos a la vez que hablaban por un móvil. La verdad es que nos ha sorprendido y le preguntamos a un Amish joven que está de pie en un ‘parking’ de carruajes, que cómo es que hay Amish que conducen coches. Nos cuenta que algunos Amish han abandonado las tradiciones Amish y se han vendido a la modernidad aunque vistan como tales. Él nos dice que personalmente ya no los considera Amish (concretamente los denomina ‘no Amish’), aunque los respeta. Nos dice que entre la misma gente de la comunidad hay diferencias, que pueden ser muy profundas (tales como la aceptación de automóviles o de aparatos eléctricos) o muy simples cómo la forma de los tirantes o cuántos pliegues debe tener un gorro; agradecemos la explicación y nos despedimos (no sin antes interesarse de donde somos y que hacemos en Arthur) y seguimos andando por el pueblo.
Observamos en la calle principal, numerosas tiendas de souvenirs, de muebles y de ropa donde trabajan mujeres Amish. Continuamente van pasando carruajes y numerosas bicicletas, algunas con un carro trasero donde va el niño. El pueblo en si es como cualquier otro, aunque mucho más cuidado, pero con el añadido de esta cultura tan tradicional. Decidimos quedarnos a dormir en el pueblo y encontramos un motel, el Arthur’s Country Inn, que nos parece perfecto. Dejamos el coche y volvemos al centro del pueblo andando por la carretera y por las calles interiores, donde hay las típicas casas unifamiliares con el porche y el jardín. Como en muchos lugares de los Estados Unidos, la calle (de cemento) discurre entre el jardín de la casa y otro espacio de hierba paralela al bordillo. Hay una curiosa imagen que es que a un lado de la carretera hay un equipo local de fútbol americano entrenando y al otro lado hay un parque donde se encuentran mujeres y niños amish; las mujeres hablando entre ellas y los niños jugando. La dualidad chocante de la cultura americana en un palmo de tierra. Entramos en un bar (donde hay una familia Amish que nos saluda) y nos compramos la cena que nos comeremos en el motel, pero en vez de hacerlo en la habitación viendo algo de los Juegos Olímpicos, lo haremos en un banco del mismo motel que hay delante de la carretera por donde van pasando los Amish. Volvemos al motel y nos sentamos. Sólo hay otro vehículo aparcado (matrícula de Ohio) con lo que no hay ningún problema en coger asiento. La carretera es un continuo pasar de carruajes y de bicicletas, todo un espectáculo. Y en primera fila. La mujer del motel nos cuenta que todos los Amish viven en granjas en las afueras y que por eso pasan continuamente. Nos estamos un buen rato y nos vamos a dormir. Mañana más.

DÍA 8 (16.08.2009) AMISH COUNTRY-INDIANAPOLIS-NAPANEE

Desayunamos en el R&I Restaurant, en la calle principal del pueblo. Es el típico diner americano (parecido al de Winterset) y que a las 8 de la mañana está a tope, con una numerosa presencia de gente Amish en las mesas. Todo muy normal. En cuanto entramos hay un ligero murmullo y se nos clavan algunas miradas de sorpresa. No debe ser muy normal encontrar por aquí visitantes no americanos. Nos sentamos en una mesa en la segunda sala, de cara a la entrada. Todos los Amish llevan el sombrero de paja puesto, aunque estén sentados, y todas las mesas mantienen conversaciones entre ellas. La comida va y viene en cantidades industriales, servida con exquisita amabilidad por una señora que debe tener tranquilamente más de 60 años. Desayunamos copiosamente, damos un paseo por las tiendas y compramos algún recuerdo, entre ellos una maqueta de un carruaje Amish con el caballo. Me ha hecho gracia y por sólo 7$ vale la pena. Justo al salir nos topamos con un desfile de tractores clásicos de todos los colores y tamaños de ruedas, incluyendo el clásico tractor verde de la marca John Deere, el más famoso de los tractores americanos. Todos en un perfecto estado de conservación. Nos despedimos de Arthur y nos vamos en busca de otros pueblos Amish.
En las afueras hay numerosas tiendas de muebles y objetos fabricados por los Amish; aproximadamente un kilómetro después de salir del pueblo nos topamos con lo que parece una subasta de caballos; paramos y a un lado debe haber como más de 30 carruajes Amish aparcados en batería. Bajamos del coche y es como una minúscula feria agraria, donde lo que más hay son caballos; de hecho hay como unas gradas y en centro se exhibe el caballo por el que se puja. Echamos un vistazo y nos volvemos al coche. Al no ir de cowboy o de Amish no podemos disimular nuestro aspecto de turistas. Pasamos por Chesterville (una pequeñisima población) y Arcola, que tiene un centro histórico más auténtico, más del tipo medio oeste, pero con menos presencia Amish en las calles y aunque se ve más grande tiene el aspecto de ser más silenciosa, menos habitada. Tiene algunos restaurantes Amish, los llamados Dutch Kitchen (cocina holandesa) donde acude bastante gente a degustar sus platos típicos, y que también hemos visto por las carreteras de los alrededores. Además de las numerosas granjas Amish, que se delatan por los carruajes que hay aparcados, existen los llamados supermercados Amish donde venden entre muchas otras cosas, productos elaborados por Amish: mermeladas, pan, pasteles, etc. y la típica mantequilla de cacahuete. Compramos diversas cosas para regalar una vez volvamos a casa y nos sorprende que la gente que se ocupa de todas las tareas del supermercado sean gente Amish y que para cobrar usen las máquinas electrónicas. Es realmente curioso observar estos pequeños detalles entre tradición y modernidad, forzados por la presencia turística a adaptarse a la vida moderna, aunque sea por unos pocos detalles. No debe ser nada fácil decidir un cambio de este tipo en una comunidad tan tradicional como la Amish. En cualquier carretera o camino hay casi siempre un carruaje o algún otro medio de transporte Amish.
Tanto Chesterville como Arcola tienen su interés aunque creo que la mejor opción si hay que hacer noche entre los tres pueblos Amish que hemos visto es Arthur, donde hemos visto más ambiente (movimiento) y también una presencia más numerosa de esta comunidad. En algunas granjas del exterior se organizan paseos y visitas a la cultura Amish: ir en carruaje, visitar el interior de las dependencias de una casa, los métodos artesanales de trabajo, etc. Antes de coger la carretera con destino a Indianápolis, pasamos por Tuscola, otro núcleo Amish muy parecido a Arcola, que incluso tiene un campo de golf en las afueras. Después de dar una vuelta por el centro de la población, me mantengo en la opinión de que Arthur es la mejor elección para hacer noche en esta región. Es el que más nos ha gustado y es la ideal para servir como base para un par de noches y explorar tranquilamente la zona.
La Highway 36 hasta Indiana es casi, casi una línea recta que permite apretar un poco el coche. Vamos pasando pequeños pueblos y la vegetación es cada vez es más numerosa. Pasamos por Newman, Rockville (ya en Indiana), Morton y Danville. Llegamos a Indianápolis y nos vamos directamente a buscar el famoso circuito oval. Indianápolis se encuentra en el centro geográfico del estado y tiene un modelo urbanístico de cuadrículas que parten del centro, desde el enorme Monument Circle, con lo que la orientación es bastante sencilla. La ciudad fue fundada a principios del siglo XIX como centro agrícola y posteriormente como núcleo automovilístico, ya que numerosas marcas abrieron fábricas y tiendas en la ciudad; la explosión de Detroit como centro de fabricación automovilística acabó con el negocio en Indianápolis, pero su pista de pruebas quedó como su legado más importante: el mítico Indianápolis Motor Speedway, un impresionante oval de 4 kilómetros que se usó para la primera carrera de las 500 millas de Indianápolis en 1911. Es el estadio más grande del mundo, con capacidad para 450.000 espectadores. Estamos bajando por Crawfordsville Rd. y vamos a parar a lo que parece la entrada del circuito, pero está cerrada. Giro a la izquierda por Georgetown Rd. que circula paralela a las gradas de la recta principal, pensando que por allí estará la entrada. El circuito es enorme, la longitud de las gradas empequeñecen cualquier estadio que haya visitado antes; es increíble la longitud que tiene cuando lo recorres paralelamente. La longitud de estas gradas (que no su aspecto) debe de ser como 10 veces la principal del Circuit de Catalunya. El circuito exteriormente se ve un poco anticuado, le falta una reforma en toda regla; se nota que la estructura tiene bastantes años. Al otro lado de la calle hay un barrio residencial de aspecto no muy tranquilo. Llegamos a la W 30th St. y giramos a la derecha en busca de la entrada al interior del circuito. Aquí el aspecto del barrio es aún menos tranquilo, y se ven numerosos vehículos con gente un tanto acojonante. En la zona no se ven muchas tiendas relacionadas con el mundo del motor. Muchos coches llevan la pegatina de los Colts, el equipo de la liga de la
NFL y también una matrícula ‘religiosa’ que pone ‘In God We Trust’ (en Dios creemos). Un coche de policía nos para preguntándonos que estamos buscando; le respondemos y nos indica como llegar a la entrada. El error ha sido que en el primer giro hemos ido a la izquierda en vez de la derecha. Deshacemos el camino anterior y llegamos a la entrada del oval, en la W 16th St. que pasa por debajo de la pequeña recta que hay entre las curvas 1 y 2. entramos en el circuito y de frente vemos el famoso Hall Of Fame, y a la izquierda más adentro del circuito, la famosa torre de control conocida como Pagoda. Desde dentro se nota que el circuito es inmenso, enorme; de hecho dentro cabría (casi dos veces) toda la Ciudad del Vaticano. Aparcamos y observo que hay gene alrededor de un vehículo naranja… me aproximo y es el nuevo ¡Dodge Challenger V8! Es una auténtica maravilla de coche, al nivel del Mustang. Me lo miro de arriba abajo y hago unas cuantas fotos. En cinco minutos la gente se dispersa y aprovecho para preguntarle algunas cosas al conductor. Me dice que en estos momentos hay tres iguales circulando por los Estados Unidos por diversos sitios emblemáticos y captar un poco el interés de la gente. El tío es muy amable y me abre el capó, me deja sentarme dentro y me lo pone en marcha para oír el sonido (o la música) del motor. Los más de 400 caballos de este modelo resuenan majestuosamente. El sonido es muy ronco. Tremendo. Después de disfrutar del nuevo Challenger, entramos en el edificio del circuito.
En la entrada del edificio hay una placa con los nombres de los corredores de las 500 millas, en la placa se encuentra el nombre de Oriol Servià que en el 2008 debutó en la mítica carrera (acabó en una excelente 11ª posición). A cada lado hay una tienda de souvenirs y entramos a echar un vistazo. La verdad es que la ropa que tienen es bastante hortera, muy americana, muy colorista y cantona. Aunque quiera comprarme algo no hay nada que me guste, así que al final me quedo con una caja de 6 pelotas de golf conmemorativas del circuito y de sus carreras. Hay que recordar que dentro del circuito, entre otras muchas cosas, hay un campo de golf, el Brickyard Crossing. Después de pagar, me dirijo al mostrador y les pregunto a las recepcionistas donde hay que ir para el tour del circuito (una vuelta en bus al oval, poder pisar la brickyard, etc.) y me dice que el último tour del día acaba de salir hace un minuto. Le digo que sólo son las 15:00 y que en el prospecto pone que la última visita es a las 16:00. Me enseña el reloj y pone las 16:02; me pregunta que si venimos de Illinois (o del oeste) hay cambio horario y que aquí es una hora más. No me lo puedo creer. He estado dando vueltas, mirando el Challenger y revoloteando por la tienda porque me pensaba que aún tenía una hora y resulta que hemos hecho tarde por 2 minutos. Le ruego que me deje ir, le cuento que soy de Barcelona y que quizás nunca más vuelva a esta ciudad, pongo cara de pena y me hago el desesperado; pero me dice que no se puede hacer nada hasta mañana por la mañana. A pesar de que le cuento que mañana tengo que estar en el estado de Michigan para ver una carrera de la Nascar, no hay manera de que la señora me eche una mano. Estoy en la meca del automovilismo y no voy a poder dar una vuelta en el más famoso de los ovales. ¡Esto es una putada!. Estoy tan decepcionado que no tengo ganas ni de ver el museo. En mi mente sólo se repite una frase: ¡No podré dar la vuelta al oval! Salimos del edificio, vamos al coche y damos una vuelta por los parkings interiores para ver todo lo que podamos del circuito. Decepcionados (yo bastante más que mi mujer, que le sabe mal por mí) abandonamos el circuito. Me hago una foto en la entrada del circuito, le echamos un último vistazo y nos vamos a visitar el downtown. Mientras recoremos la anches calles y avenidas, voy analizando los minutos que he ido ‘perdiendo’ a lo largo día de; pero el ‘y si…’ no sirve ni ayuda en nada, así que pasamos página.
Llegamos a Monument Circle (una especie de torre en forma de obelisco coronada por una figura humana con una espada) y la verdad es que se ve bastante ambiente, a pesar de que normalmente el downtown fuera del horario de oficina no suele tener mucha vida; aquí en cambio se ve gente en los bares, restaurantes y por la calle. Podríamos decir que es una novedad. El monumento en si le da una cierta clase al lugar, por el aspecto neoclásico el mismo. Damos un paseo, comemos alguna cosa y volvemos al coche para ir en busca de la autopista de circunvalación (la north 465) y luego coger la US Highway 31 hacia el norte. Pasamos al lado del Conseco Field House, el enorme pabellón donde juegan los Indiana Pacers de la NBA y enfilamos la 31; vamos pasando poblaciones: Westfield, Kokomo, Rochester y Argos. El paisaje es muy verdoso y arbolado, mientras la carretera es muy recta y bastante plana, con algunos tramos ondulados. Ninguna novedad. Una vez en Argos nos desviamos al este por la carretera local 10 y luego al norte por la 19 hasta la zona Amish. Justo antes de llegar a Napanee nos cruzamos con los primeros carruajes Amish. Media milla antes de llegar al pueblo vemos dos hoteles realmente preciosos: el The Inn at Amish Acres (de color blanco) y el The Napanee Inn (rojo). Son dos enormes granjas reconvertidas en dos encantadores hoteles. Como en poco tiempo se hará de noche y no queremos perder el tiempo dando vueltas, decidimos dormir aquí. Ninguno de los dos tiene habitaciones libres. Entramos en Napanee y se nota que es sábado por la tarde, esta todo prácticamente cerrado y no hay casi nadie en la calle. Aparcamos en el centro y damos una vuelta por las calles de los alrededores. En el parking hay un enorme cartel publicitario de una tienda de muebles Amish que nos da la bienvenida. La mayoría de las casas son de uno o dos pisos con algunos frontales de madera, pero sobre todo mucho ladrillo rojizo. Cada farola tiene una pancarta doble (una con el nombre del pueblo y la otra con una foto antigua) y todas cómo no, la omnipresente bandera americana bien presente. Por si se nos había olvidado. El pueblo y la casas están impecables, no hay ni un papel en el suelo. Todo está reluciente. Siguen pasando carruajes y mujeres Amish en bicicleta, aunque con menos frecuencia que en la zona de Illinois.
En una de las calles anteriores observamos la salida de la gente de una iglesia local. La salida da a uno de esos típicos pákings americanos, con los coches muy esparcidos. La gente que sale de la iglesia tiene una media de unos 70 años, todos/as muy elegantes y uno de ellos se sube a un inmenso Fairlane 500 de los años 50 de color negro. Está impecable. No hay ni una mota de polvo en el coche. Regresamos al coche por otras calles y vemos algunas casas de estilo victoriano, más pequeñas y en mal estado de conservación. Las casas particulares ya no están tan bien cuidadas como el centro. Muchas con la canasta de baloncesto en el parking y los jardines en perfecto estado. Eso no falla. La casa puede estar casi en ruinas, pero la hierba tiene que estar perfecta. Por si se hace una barbacoa…
Nos volvemos al coche para dar una última vuelta por el pueblo y nos para la policía para un control rutinario de alcohol. Doy cero. Nos preguntan de donde somos y me dice que le encanta Pau Gasol. A mi también. Antes de abandonar el pueblo vemos una humareda impresionante. Hay un tío quemando las hierbas del jardín y media calle está escandalizada. Llega la policía y nos vamos. La verdad es que la humareda era tremenda. Cogemos la carretera en busca  de algún sitio para dormir y cenar, pasando otra vez por delante del The Inn at Amish Acres y el The Napanee Inn, siendo una lástima no poder dormir en ninguno de los dos. En las afueras de Napanee, no hay moteles y al final cogemos uno en el pueblo de La habitación nos cuenta 65$. Para comer está todo cerrado. Sólo quedan abiertos los restaurantes de comida rápida. Escogemos el Subway y nos lo llevamos a la habitación. Por cierto, para no dar un rodeo con el coche me he dirigido andando a la ventanilla de los coches (el local está cerrado) y me han dicho que sólo se puede servir si vas en coche. Y eso que no hay nadie. Las tres chicas del local aún se están riendo. Ponemos la tele y van a dar una de las finales del imparable Michael Phelps. Es la final de los 100 mariposa. ¡Vaya final! ¡Que última brazada ha dado este tío! Ha sido increíble. Absolutamente extraordinario. Magnífico. Sensacional. La tenía pérdida y la ha ganado en el último suspiro. Una milésima de segundo de diferencia. Este Phelps acaba de igualar a Spitz como si nada. Tiene 7 medallas de oro. Y le falta el 4×100. Y además tiene las que ganó en Atenas 2004. Que máquina de nadar. Que portento humano. Vaya rodillo. Brutal. Me voy a dormir pensando en que he visto por la tele uno de esos momentos mágicos de la historia del deporte. A descansar que mañana toca la carrera de la Nascar en Michigan. ¡Boogity, Boogity, Boogity, let’s go racing boys!.
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25 de marzo de 2009

DÍA 5 (13.08.2009) LINCOLN-OMAHA-LOESS HILLS- MADISON COUNTY-WINTERSET

Nos levantamos temprano, cómo no, y vamos a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Lo primero, entramos en un Starbucks y nos aprovisionamos de comida. Realmente las magdalenas rellenas de-lo-que-sea de esta cadena son inigualables. Lo más destacable de Lincoln, es el Capitolio Estatal, un edificio imponente, que destaca por su altura y por su estatua de 7 metros de una segadora en un pedestal de trigo y maíz, y el distrito histórico de Haymarket Street, unas calles con restaurantes y bares (por la noche debe de haber todo el ambiente de la ciudad) en edificios que antiguamente eran almacenes. La verdad es que tiene su qué. A pesar de estos dos detalles, Lincoln es como el la mayoría de ciudades de tamaño medio de los Estados Unidos: calles anchas, bancos, edificios altos en el centro (la altura y la cantidad depende de la importancia a nivel económico), cafeterías, furgonetas de reparto, etc. Y también algo muy normal en cualquier ciudad americana: los trabajadores se pasean por la calle con el pase de la empresa colgando del cuello. Es tan normal para ellos que forma parte de la vestimenta de cada día. Como el café en la mano. Es otra de las postales de ciudad típicamente americana en el downtown, quizás el único lugar de la ciudad donde se ve gente andando que no sea un centro comercial. A menos que sea un pueblo pequeño o una ciudad tipo Nueva York, San Francisco o algunas otras, no ves a la gente andando por la calle como en otros sitios, aquí el concepto desplazarse a pie es inexistente. Por eso cuando tú vas por la calle te miran como un bicho raro, les sorprende, no entienden el desplazarse de un sitio a otro sin subirse a un vehículo. En el oeste de Nebraska ya no se ven tantas cabezas de ganado o reses como en el centro oeste y que han convertido a Nebraska en el primer productor mundial de ganado. Ahí es nada.
Volvemos al coche y nos vamos hacía Omaha, la llamada ciudad de los millonarios. La parte este de Nebraska ya no es ese curioso paisaje de colinas y picos rocosos cortando el paisaje plano de las infinitas llanuras. La ciudad en si es como Lincoln pero con avenidas más grandes, más desnivel y muchos más bancos. De hecho es la ciudad más grande de Nebraska y está separada por el río Missouri de la de Council Bluffs, en Iowa. En el centro destaca el edificio del teatro de Omaha y el distrito de Old Market con sus bares y restaurantes reciclados. Damos una vuelta y volvemos a la carretera. A pocos kilómetros se encuentra el cuartel general del comando aéreo estratégico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Cruzamos uno de los puentes y entramos en el estado de Iowa. Iowa está delimitado por dos grandes ríos, el Missouri al oeste y el Mississippi al este. Aquí el paisaje es similar al de Nebraska, aunque los campos de trigo son quizás más estensos, y la orografía es más ondulada, con continuas colinas. Subimos por carreteras paralelas a la Interestatal 29 en dirección a Soiux City siguiendo la Loess Hills Scenic Byway. Se trata de una serie de carreteras panorámicas que discurren por vías locales siguiendo el extraño paisaje natural de esta región, con llanuras onduladas poblabas de granjas y pequeñas iglesias. En Iowa estas colinas arenosas tienen la particularidad de que son muy gruesas, y casi siempre cubiertas de hierbas altas, que siempre ondulan cuando sopla un poco de viento, lo que da una sensación de fluidez al entorno. Llegamos hasta Little Sioux y cambiamos en dirección este hasta Soldier, para luego bajar hasta Earling, a través de los condados de Harrison y Shelby. La sensación es diferente a la de los estados anteriores, aquí la gente no se ve ni tan cerrada, ni tan ‘cateta’ (con todos los respetos), ni hay los omnipresentes cowboys de Nebraska.
Seguimos atravesando estos parajes y llegamos a una zona con una serie de pueblos daneses (por la numerosa colonia danesa existente), absolutamente preciosos: Kimballton y Elk Horn. Son los típicos pueblos idílicos americanos, en los que te quedarías a vivir por la agradable sensación que transmiten. Aquí el ritmo de vida se ve pausado, sin prisa. Todo fluye lentamente. Cerca de estos, se encuentra en las afueras de Adair, el lugar donde la banda de Jesse James realizó el primer atraco a un tren blindado, hay un resto de vía y una placa conmemorativa. En Adair empieza la White Pole Road (por tener los postes eléctricos pintados de blanco hasta media altura) que pasa por Casey, Menlo, Stuart y Dexter. La ondulada carretera discurre entre enormes campos de trigo, cortados por granjas y pequeños pueblos. Las granjas con los enormes graneros rojizos son aquí, una realidad. Desde que hemos entrado en Iowa están por todas partes. Todos tienen uno. Igual que el típico buzón americano. O la pegatina patriótica en el coche. En los pueblos, los jardines de las casas están perfectamente cuidados, característica que puede extrapolarse a todo el país. La obsesión por tener el jardín en perfectas condiciones, es increíble. Todos tienen el cortacésped tipo coche, y van dando vueltas y vueltas por el jardín. El 99% de los jardines está inmaculado. Cuesta mucho encontrar un jardín descuidado y en estas comunidades más. También en estos pueblos se ven un grupo de carteles a la entrada del pueblo en el que se anuncian, sobre todo, las diferentes iglesias de la comunidad. Los pueblos ya no se ven tan polvorientos ni descuidados como en otros estados del medio oeste, aunque eso sí, casi siempre hay esos bancos de planta baja, normalmente de ladrillo rojo, tan propensos a ser atracados en las películas americanas. Y un par de coches aparcadas a cada lado, como para dar vida a la calle.

El siguiente destino son los puentes de Madison. Los famosos puentes del libro de Robert J. Wallace, posteriormente reproducido en la película del mismo nombre y dirigida e interpretada por Clint Eastwood. Los puentes se encuentran en el condado de Madison, y fueron levantados a finales del siglo XIX alrededor de la población de Winterset y de los 19 que hubo originalmente, sólo quedan 6: Roseman, Cutler-Donahoe, Holliwell, Cedar, Imes y Hogback. En Estados Unidos mucha gente vive dispersada alrededor de un pequeño pueblo o núcleo urbano (donde está la escuela, los supermercados, el cine, etc.) y la manera de unir las casas y granjas es mediante caminos rurales, que a su vez cruzan pequeños ríos y arroyos, que son salvados mediante puentes y que aquí (y en otros muchos lugares) fueron en algunos casos puentes cubiertos (de los miles que había por todo el país ya sólo quedan unos 800) para poder combatir algunas de las condiciones climáticas (el calor en verano o la lluvia en invierno) a lo largo del año. Aunque también hay quién dice que el motivo es que la parte más cara de construir y de mantener era la estructura y el suelo del puente por lo que se decidió cubrirlos para conservarlos mejor (ya que los laterales y el techo  eran más fáciles de mantener ).

El primero que vamos a ver es el más famoso de todos: el Roseman Bridge, el ‘protagonista’ en la película. Desde la carretera 92 tomamos un desvío que discurre por un camino de tierra (el Roseman Bridge Trail, de gravilla muy, muy deslizante en las curvas, si no vas muy, muy despacio) que y que nos lleva al puente en unos 10 minutos (en un momento del camino hay otro  camino, curiosamente llamado Francesca Ave, aunque no es el que lleva a la casa). La primera impresión que nos causa el puente es de que tiene un estética bellísima. El puente se erige en todo su esplendor en el paisaje maginificando el paisaje.  El rojo fuerte de la estructura en contraposición al verde del paisaje y al azul del cielo contribuyen también a hacer más espectaculñar todo el conjunto. Bajamos del coche y cruzamos el puente a pie. Fue construido en 1883 y sigue en su localización original. El interior es una estructura de madera muy robusta y resistente y el exterior está cubierto de tablones verticales pintados de rojo; el conjunto está muy bien conservado (fue restaurado para la película). Estamos un rato mirándolo desde todos los ángulos y nos sorprende lo románticos y pintorescos que pueden llegar a ser. Es realmente una maravilla. Lo cruzamos arribay abajo no sé cuantas veces. Estás en el puente y te imaginas la situación real en 1965 que explica el libro y lo mágicos que debieron ser esos 4 días entre la ama de casa solitaria de una granja de Iowa, y el fotógrafo trotamundos. Es realmente emocionante recorrer los mismos caminos de esa historia más de 40 años después, sin que los lugares hayan cambiado.
Después de un rato volvemos al coche y volvemos a la carretera principal (la 92) para ir al pueblo en busca del Northside Café. Están haciendo obras y llegamos al cruce con la 169, allí donde al final de la película los 2 protagonistas dudan sobre que hacer, mientras la lluvia cae en Winterset. No hay ni rastro de la gasolinera Texaco que aparece en la película, ya que fue rodada en un sitio distinto. Nosotros no dudamos, y seguimos por la 92 hasta la entrada del pueblo.  El pueblo es bastante pequeño y encontramos el lugar con facilidad. Aparcamos justo enfrente y entramos. El local (abierto desde 1876) está tal cual en la película, exceptuando algún pequeño detalle. No hay nadie y nos sentamos en la primera barra (4º taburete, el mismo donde se sienta el protagonista), al igual que el protagonista de la película. Nos atiende una señora y pedimos un par de Sandwiches para comer. Mientras esperamos damos una vuelta por el local observando las fotografías de la paredes: fotos del local en sus primeros años, numerosas fotos de John Wayne y en la pared del fondo, fotografías (dedicadas por Clint Eastwood y Meryl Streep) relacionadas con la película. Le preguntamos a la señora porque hay tantas fotos de John Wayne y nos dice que él nació en Winterset y que la casa done se crió puede visitarse. No teníamos ni idea. Acabamos de comer y nos vamos a visitar el puente de Cutler-Donahoe, construido en 1870 al norte del pueblo, cerca de Bevington y que fue recolocado en el Parque Municipal de Winterset en 1970, en un extremo del pueblo. Estéticamente no es tan bello como el de Roseman. El tejado es en forma de cuña y los frontales están pintados de blanco. Damos una vuelta por el lugar y nos vamos a ver el siguiente puente, el de Holliwell, que se encuentra a unos minutos del anterior y que también aparece en la película. El puente de Holliwell fue construido en 1880, siendo el más largo de los que se conservan y su estética es igual al del de Roseman.  Fue renovado en 1995 y su localización es la original. Es otra maravilla de puente, y desde la carretera nueva puede observarse en todo su esplendor.
A continuación nos vamos a ver el que está más lejos del pueblo y el que es el más antiguo de los que se conservan, el de Imes, construido en 1870 encima del río Middle y recolocado en su presente localización en 1977. Su estética es muy parecida de Cutler-Donahoe y es el que mejor se ve cuando se circula por la carretera. Está cayendo el sol y apuramos para ir a ver el penúltimo de los puentes, el de Cedar, el único abierto al tráfico de coches. Este puente fue construído en 1883 y es el más corto de todos, con un poco más de 23 metros de largo y es el que aparece en la portada de la novela original y también es el puente en el que Francesca Jonson ayuda a Robert Kincaid a tomar fotografías en la historia del libro. Su localización original era otra y desde 1921 está al norte de la ciudad. Es también por desgracia, el único de los puentes que no es original es su totalidad, ya que después de una profunda renovación en 1998, fue quemado por un arsonista (esos tipos que sienten placer al ver como prende fuego cualquier cosa) en 2002. Lo pasamos varias veces, y hasta mi mujer mi pide conducir para poder atravesarlo con el coche. Parecemos 2 críos. Aparcamos el coche en el Motel y volvemos andando al pueblo para cenar. No hay nadie. El pueblo está desierto. Buscamos algún lugar para cenar y está todo cerrado. Cuando ya estamos resignados y nos íbamos hacía el Subway, vemos a un extremo de la plaza el Grill Pheasant Run (el Blue Note Café en la película) y entramos para poder cenar y tomar algo. Hay poca gente y nos sentimos observados, todos saben que no somos de por aquí. La verdad es que la carne que nos sirven está muy sabrosa. Es tarde y tenemos ganas de dormir un poco. Mañana acabaremos de disfrutar de los puentes.

DÍA 6 (14.08.2009) WINTERSET-DES MOINES-COLONIAS AMANA-DUBUQUE-GALENA

Antes de desayunar, volvemos al Cedar Bridge, que está a 3 minutos del hotel y lo volvemos a cruzar repetidas veces. Desayunamos, cómo no, en el Northside Café y a esta hora (las 8 de la mañana) está medio lleno. Saludamos y la mujer nos recuerda de ayer. Desayunamos copiosamente: yo me tomo dos hamburguesas con dos sandwiches rellenos de tortilla y salchichas acompañado de unas patatas, mientras mi mujer escoge algo bastante más ligero. Esto es desayunar y lo demás son historias. A diferencia nuestra, los americanos consideran el desayuno como la comida más importante del día y por eso siempre es tan abundante. Nos despedimos del local con cierta tristeza y nos vamos a buscar la casa donde nació John Wayne, que se encuentra, cómo no en la John Wayne Drive. Los carteles de la calle tienen el rostro del mítico actor. La casa es muy sencilla, de una planta y con un pequeño porche, al lado de la sencilla casa familiar se encuentra la oficina turística de la asociación de John Wayne, que entre otras cosas está recaudando unos 5 millones dólares para abrir una nueva fundación. En el parking que hay al lado de la casa hay una furgoneta estilo Equipo A pintada con todo tipo de imágenes de John Wayne, y con el nombre ‘The Legend’ escrito en cada lado. La verdad es que es una horterada (si no eres fan) pero es un trabajo impecable. En el interior de la furgoneta, más de lo mismo. Volvemos al coche y nos vamos otra vez a ver el Roseman Bridge por última vez. Esta vez circulamos por el camino tranquilamente para evitar sustos. Damos una vuelta para despedirnos y entramos en la casa que hay al lado del puente para comprar unos recuerdos.

La verdad es que es de aquellos sitios que a uno le cuesta marchar porque tienen un encanto especial, hay algo mágico en el ambiente que te retiene. Pero nos esperan otros muchos lugares que visitar, empezando por el último puente: el de Hogback, construído en 1884 y que permanece en su localización original. Cruzamos nuevamente el pueblo y al llegar a la altura del pequeño aeropuerto giramos a la izquierda; y seguimos recto hasta encontrar la Hogback Bridge Rd. Que nos lleva directamente al puente. La estética es muy parecida al de Roseman, y su situación permite verlo en perfectas condiciones. Este será el último puente que veamos, ya que al volver a la carretera 92, iremos hacia el norte a encontrar la casa de Francesca. Rondamos por el puente, despidiéndonos de estas estructuras rojas enclavadas en el verde paisaje del condado de Madison, tratando de memorizar cada detalle del puente para no olvidarnos de su perfecta silueta horizontal.

A través de la carretera G4R llegamos al desvío donde se encuentra la casa. Giramos a la derecha y a unos 700 metros se encuentra el camino de entrada a casa. Ya nos han avisado de que está cerrada al público, desde que en 2003 otro pirómano (o quizás el mismo imbécil) le prendió fuego. La casa fue construida a finales del siglo XIX, y hasta que fue restaurada para la película estuvo más de 35 años abandonada. Después de la película se conservó tal cuál en la película y se podía visitar durante los meses de verano. Hasta que llegó el prende fuegos y la dejó cómo está ahora. Otra vez abandonada.

En la verja de entrada hay un enorme cartel que avisa de que es propiedad privada y la casa permanece vigilada. Desde donde estamos se observa perfectamente la casa de dos pisos con los techos rojizos del porche y de la casa. Tampoco se ve tan descuidada. En un extremo está la vieja furgoneta verde de Robert Kincaid aparcada entre los matorrales. La hierba está bastante alta y nos pensamos si cruzar la verja o no. Esto es América y te meten en la cárcel por cualquier tontería. Pero la verdad es que vale la pena ver la casa de cerca, si salta alguna alarma tardarán al menos 15 minutos en aparecer y podemos decir que somos dos turistas de viaje por Iowa. Saltamos y llegamos a la casa. De cerca se ven los daños que tiene la casa y el porche está en bastante mal estado por lo que nos limitamos a observarla desde fuera. Alrededor de la casa hay unos graneros y después de hacer unas fotografías nos volvemos al coche. Miramos la casa por última vez, sabiendo que este es el último de los recuerdos de la película. Nos invade una extraña sensación de tristeza. Por el retrovisor  vemos el camino ondulante de las colinas de Madison County. Llegamos a la carretera y giramos a la derecha. Los puentes de Madison y el pueblo de Winterset son ya un excelente recuerdo. Aquí cerramos la historia de Francesca y Robert Kincaid.

La carretera nos lleva a la Interestatal 35 con destino a Des Moines. Otra ciudad típicamente americana del medio oeste (y del resto del país) con su downtown de edificios altos y la escasez de gente por la calles. Especialmente notorio en esta ciudad debido al sistema Skywalk de pasarelas interconectadas con los edificios de acero y vidrio; 5 kilómetros que unen 20 manzanas (al estilo de Hong Kong, aunque el motivo sea distinto). La famosa feria Iowa State Fair  se celebra cada año en esta ciudad. Des Moines tiene la particularidad de que es la tercera ciudad en el mundo en contratación de seguros y eso la hace ser un importantísimo centro de negocios, además de un destacadísimo productor de ganado. La enorme iglesia de estilo renacentista enclavada en lo alto de una colina no pega para nada en la estética de la ciudad. Su centro de arte, el Des Moines Art Center son unos edificios con una importante colección de arte americano del siglo XX, diseñados por una tríada de arquitectos de primer nombre: Pei, Meier y Saarien. Esta vez no bajamos del coche y vamos conduciendo sin rumbo por las calles y colinas de la ciudad. Gracias a esto encontramos un espectacular barrio de casas victorianas perfectamente conservadas (al estilo de San Francisco) y una tienda de coches de los años 50-70 absolutamente increíble. La tienda debe tener más de diez mil metros cuadrados (si, 10.000) y hay de todo: Ford Mustang, Chevrolet Corvette, Dodge Charger, Cadillac Coupe Deville, Packard, etc. Es un auténtico museo de coches americanos (todos en venta), especialmente los llamados Muscle Cars. La tienda se llama American Dream Machines y es un paraíso para los amantes de los coches americanos ‘cañeros’ de los 60 y 70. Me dejan pasearme sin ningún problema, incluso por el taller y hacer todas las fotos que quiera. No sé donde mirar, no doy abasto). Pido una tarjeta y vuelvo al coche. Nos vamos hacia las colonias Amana, en el este de Iowa.
Salimos de la Interestatal 80 Este y cogemos la U.S. Highway, pasamos por Newton, donde vemos todo un lateral de una casa pintada con la bandera americana. Hay que hacer país. En las afueras se encuentra el Iowa Speedway, un circuito oval de tamaño pequeño, entramos dentro y aparcamos justo encima de la grada (el circuito está hundido en la tierra). Cómo no hay ningún coche rodando nos vamos. Una diferencia muy importante con los circuitos europeos es la excelente accesibilidad que tienen los americanos y canadienses a los circuitos de carreras. Tú puedes llegar al borde de la pista sin ningún problema. Y todos tienen la tienda abierta. Es otra mentalidad. El espectador (y fan) es a quién se le debe todo. No como aquí. En California hace cuatros años en un circuito oval me dieron 20 vueltas en un  coche de la Nascar, sólo por el detalle de haber ido a visitarlos. Pero esa es otra historia. Regresamos a la U.S. Highway 6 y pasamos por Grinnell, Ladora y llegamos a las Colonias Amana, 7 poblaciones históricas (South Amana West Amana, High Amana, Middle Amana, Amana, East Amana y Homestead) fundadas en 1855 por inmigrantes alemanes como una sociedad tipo comuna religiosa sin ánimo de lucro y que resistieron como tal hasta mediados de los años 30 cuando las tensiones internas acabaron
La primera de las colonias que cruzamos en South Amana, Todos los edificios originales son de madera o de piedra, de aspecto muy sencillo y en un excelente estado de conservación. Pura austeridad. A continuación pasamos por High Amana y Middle Amana. Poblaciones muy parecidas a la anterior. Llegamos a Amana, la primera que fue fundada, y se nota que es la principal población de las colonias, tanto por tamaño como por los coches aparcados (pocos, todo sea dicho, pero bastantes en comparación con las otras colonias). Los edificios siguen siendo igual de austeros, aunque aquí destacan algunos edificios bastante grandes como el Amana Museum (donde entramos y el encargado nos explica la historia de la colonias Amana) y en el otro extremo del pueblo la Furniture Store o la Amana Woolen Mill. La verdad es que el conjunto es precioso y muy tranquilo. Hay algún hotel por si te apetece quedarte a dormir. El turismo es actualmente otra fuente de ingresos muy importante para las Colonias Amana.

Paseamos por el pueblo y compramos algunos productos de recuerdo. Si no fuese porque es temprano nos quedaríamos a dormir, ya que el lugar es muy agradable. Es como un oasis de paz y tranquilidad en medio del frenesí actual. Otro mundo. A veces sorprende que haya gente que sea capaz de vivir de manera tan sencilla. Es admirable.

Volvemos a la Interestatal 80 y llegamos a la Iowa 80 Truckstop, el área de servicio para camiones más grande del mundo. La cantidad de camiones aparcados por todos lados es absolutamente descomunal. Los Mack ganan por goleada. En el local donde puedes comer y comprar alguna cosa, tienen, además de la habitual bandera americana por $7.99, unos marcos (llamados Freedom’s Call) en los que sólo tienes que pegar la foto de tu héroe (militar, por supuesto) y en los que hay un texto a mayor gloria del país, de cómo ese que está en foto, está defiendo los valores americanos por todo el mundo y lo orgulloso que está todo el país de él. Es todo tan patriótico que roza lo surrealista y el ridículo más espantoso. Pero seguro que los venden como churros. Les hago un par de fotos y los de la cola me miran como entre sorprendidos y confusos. Les dedico una sonrisa y me voy. Volvemos a la carretera y subimos por carreteras locales, pasando por Olin, Monticello y Dyersville.

Dyersville es conocido (entre comillas, claro) por dos cosas: por tener el museo más grande del mundo de juguetes de granja y por ser el lugar del famoso Field of Dreams (Campo de sueños). Un campo de béisbol en medio de un inmenso campo de trigo que fue construido para la película del mismo título protagonizada por el entonces semidesconocido Kevin Costner, que interpreta a un granjero que comienza a pensar, guiado por una misteriosa voz, que debe construir un campo de baseball en su campo de trigo. El campo se quedó como localización de la película y cualquiera puede ir (en los horarios en que permanece abierto) con sus amigos a jugar a béisbol o pasear por entre los campos. Es muy popular en los Estados unidos. La lástima es que cuando llegamos son la 18:30 y han cerrado (tampoco es que nos importe mucho, pero ya que estábamos aquí, nos hacía gracia). Deshacemos la carretera, que atraviesa los altísimos campos de trigo y nos dirigimos hacia Dubuque, en el norte de  Iowa, en la llamada frontera triple, compuesta por Iowa, Wisconsin y Illinois.

Llegamos a Dubuque, una población situada junto al río Mississippi, donde se encuentra el ferrocarril  panorámico más corto y empinado del mundo. Se está haciendo de noche y buscamos un hotel para dormir. Mientras damos vueltas con el coche, llegamos al margen del río, donde hay una serie de barcos con enormes ruedas de palos al estilo Mississippi que acogen restaurantes y casinos. En la entrada del casino hay decenas de fotos de ganadores de premio colgadas en la pared a modo de reclamo. Volvemos al coche y la verdad es que Dubuque no nos gusta demasiado y decidimos ir a hacer noche al encantador pueblo de Galena, ya en Illinois.
No queremos dar más vueltas y escogemos el Ramada Inn en las afueras de Galena. Se trata de un Hotel, Motel y Lodging con una relación calidad-precio buenísima. Subimos las maletas y volvemos al coche para ir a buscar algo de comer. Estamos cansados y no nos apetece mucho ir a comer fuera, con lo que nos vamos a un Wal Mart y compramos algo para cenar en el hotel. Wal Mart para aquellos que lo conozcan es la compañía minorista más grande del mundo; por sus ventas y número de empleados (casi dos millones de empleados) es sin lugar a dudas la mayor compañía del mundo (en 2006 tuvo 315.427 millones de dólares en ventas y 11.231 millones en ganancias, la que más factura). Para hacerse una idea, si tuviera su propia economía, sería la 30ª en el mundo, justo detrás de Arabia Saudita. Ojo al dato. Mañana será otro día.
Christian Bosch
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13 de marzo de 2009


DÍA 3 (11.08.2008) DEADWOOD-MOUNT RUSHMORE-CRAZY HORSE-CUSTER-WALL-BADLANDS-KADOKA-MARTIN

Nos levantamos temprano, almorzamos en el hotel, damos un paseo por Deadwood, que diferencia con ayer, no hay casi nadie por la calles y no se oye ninguna Harley Davidson, aunque las hay a cientos aparcadas. Visitamos Lead, un pueblo minero a las afueras del Deadwood.  Enfilamos la 385 South. A medio camino hay una enorme gasolinera de los años 50 con todo tipo de recuerdos: tienen varios coches de los años 50. Impresionante. Me compro un par de camisetas de Deadwood y mi mujer no se cuantos pins. Llenamos el depósito y volvemos a la carretera. La carretera cruza bosques de pinos y vamos viendo algunos lagos. Antes de llegar a Hill City, al salir de la curva hay un enorme trailer cruzado en la carretera. Lo paso por un lado y de repente veo a un motorista unos 50 metros más arriba, parado e inmóvil. Cuando estoy a su altura lo miro veo un enorme charco de sangre que brota de su pie. No sé como, pero el camión le ha pasado por encima. Doy media vuelta y bajo a atenderlo. Aún no hay nadie. El tío es enorme y yo sólo no puedo bajarlo de la moto. Le doy agua. El pie le ha desaparecido y ni si queja. Paran dos coches más y entre tres lo estiramos en la carretera. Del tobillo hacia abajo no tiene nada. Es una masa colgante. Para otro coche, y se baja una chica que dice que es enfermera. Le hace un torniquete y le envuelven el pie con unas bolsas. Yo ya no puedo hacer más y decidimos irnos. Ha sido espeluznante. Llegamos a Hill City, otra ciudad de tipo viejo oeste, mucho más turística y seguimos por la State 44 hasta Mount Rushmore, en Keystone (una pequeña ciudad forjada con el oro). Estamos a la espera de ver cuando se nos aparecerá en el paisaje las cuatro caras esculpidas en medio de un espectacular paisaje. Unas curvas después, por fin lo vemos. Es tal y cómo lo habíamos imaginado. Aparcamos y enfilamos una avenida con banderas y placas de todos los estados. El ambiente es muy variado: moteros, abuelos, familias enteras… En lo alto están los bustos colosales de 18 metros de los presidentes estadounidenses George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt, y Abraham Lincoln que representan los primeros 150 años de la historia de los Estados Unidos. Lo cierto es que te las imaginas más grandes de lo que son, pero el paisaje y el lugar a medida que te acercas es tan grande que produce un efecto casi contrario. Cuando estás debajo la sensación es diferente. Es una postal típica de los Estados Unidos que ha aparecido en numerosas películas, como ‘Con la muerte en los talones’. Para los americanos es un sitio de visita obligada. Uno de los mayores reclamos turísticos de todo el país. Si se piensa bien, en verdad han destrozado una montaña para crear un monumento en plena naturaleza. Muy americano. En cierta manera, al no ser un país con muchos siglos de antigüedad, se tienen que inventar lugares de ‘peregrinaje’. Y en eso no tienen rival. Hay unos senderos alrededor de la montaña que permiten ver otros ángulos de las caras. Incluso un pequeño museo que explica la historia y conserva las herramientas y bocetos originales. A mi lado hay un abuelo americano que no tiene desperdicio: lleva una camisa con las barras y las estrellas y las caras de los cuatro presidentes. ¡Tre-men-do! Este nivel de patriotismo hortera sólo lo puedes ver en América.
La siguiente parada será ‘Crazy Horse Memorial’. La inmensa escultura de Caballo Loco, el legendario jefe de la tribu india Sioux. La réplica india al Mount Rushmore. Pero mucho más grande. Gigantesca. Antes de llegar pasamos por una tienda (Mistletoe Ranch) que venden todo tipo de artículos de Navidad, no he visto nada igual en mi vida. Hay de todo. Compramos unas cuantas cosas para nuestras familias y seguimos rumbo a Crazy Horse. Otra montaña de granito de las Black Hills está siendo dinamitada para levantar la que será la escultura más grande del mundo, que honrará la cultura, la tradición y el legado vivo de los indígenas norteamericanos y al gran líder de los Lakota, el gran Caballo Loco (Crazy Horse). Para hacernos una idea, los 4 presidentes serán tan grandes como la cara de ‘Crazy Horse’.  Medirá unos 180 metros de alto por 200 de largo. Sólo la cara tiene 26 metros. Empezaron en 1948 y sólo han completado un 5%. El método de trabajo que usan es la precisión de la ingeniería explosiva. La dificultad está en que si se equivocan en la voladura del granito, no puede reemplazarse. Pagamos la entrada, aparcamos y nos dicen que tenemos que esperar más de media hora, que debido a la lluvia de la mañana puede haber desprendimientos. No nos esperamos y nos vamos. Rumbo a Custer. Antes de llegar pasamos por una especie de anticuario y compramos una botella de Coca-Cola del Mount Rushmore y un par de matriculas usadas de Dakota y Wyoming. A continuación recorremos la carreteras escénicas Iron Mountain Rd. y Needles Hwy. La primera es una carretera imposible con 4 túneles de un sentido, en los que siempre se ve en Mount Rushmore al fondo y que también tiene una serie de puentes -los pigtail bridges- en los que la carretera gira más de 360º. Es una auténtica obra de ingeniería, de unas 16 millas. Forma parte de la ‘Peter Norbeck Scenic Byway’ que consiste en un bucle de 4 carreteras, de obligatorio recorrido cuando se está aquí. La ‘Needles Hwy.’ atraviesa otra parte de las ‘Black Hills’ entre increíbles agujas de granito, pinos y pequeños lagos. Es espectacular. En algunos lugares el coche pasa rozando las paredes. Los motoristas van y vienen por todas partes. Estas carreteras son, sin lugar a duda, una de las mejores en las que he conducido. Sencillamente increíbles. Una auténtica obra de arte mitad natural, mitad humana. Las recorremos un par de veces. Es un auténtico disfrute conducir por aquí, si tuviera tiempo me quedaría un par de días. En la zona se encuentra el Custer State Park, un lugar perfecto para observar los bisontes, si no has estado en Dakota del Norte. Absolutamente recomendable.
Nos vamos a Rapid City, que comparada con los lugares donde hemos estado es una ciudad enorme. En las afueras hay muchísimos concesionarios de coche. Nos paramos en los de Ford, Dodge e Infinity para pedir unos catálogos de algunos coches (Mustang, Challenger, F150, Fx30, etc.), y me los dan encantados. Orgullosos de que les pidas algo en su tienda. Y más si eres extranjero. Buscamos el centro y comemos en un Diner. Las raciones son enormes. Es muy difícil encontrar comida sana,  aquí es que no hay otra opción: hamburguesas de carne de todo tipo, trozos de pizza muy grandes, batidos de todo tipo de helado, patatas fritas, etc. Aquí es imposible mantener una dieta. Mi mujer lo pasa peor. A mi sinceramente, me encanta comer hamburguesa y patatas. No me cansa nada. Y las hacen buenísimas.
Paseamos un poco y volvemos al coche. La siguiente parada es Wall, donde se encuentra el Wall Drug Store, una pequeña farmacia abierta durante la depresión (en 1931) y que se convirtió en años siguientes en una parada obligatoria entre largas rutas, entre otros motivos por ofrecer agua fresca de manera gratuita. Aún hoy sigue siendo así. Y un café vale 5 centavos. Es un complejo comercial de varias tiendas (que funcionan como una) en las que se vende de todo. En todo el estado y en estados colindantes hay anuncios del lugar por todas partes. La verdad es que no vale la pena desviarse desde las Black Hills para visitarlo, pero si quieres ir al Parque Nacional Badlands, tienes que pasar por aquí. Es curioso, pero no tanto. Quizá si eres americano te puede atraer más. Mi mujer me mete la bronca por desviarnos hasta aquí. Seguramente tiene toda la razón.

A continuación atravesamos el Parque Nacional Badlands, un parque natural que ofrece paisajes lunares de colinas erosionadas mezcladas con prados. Contiene numerosos restos fósiles. Es una serie de formaciones de piedra onduladas de carácter fantasmagórico, de tono mayoritariamente gris, aunque hay tonos rojizos. Es un parque inmenso en el que te puedes encontrar bisontes, hurones de pies negros o zorros. Nosotros no hemos visto ni uno. En todo el trazado nos hemos cruzado con dos coches. El paisaje es hipnotizador.  Hemos apurado tanto la gasolina que nos estamos quedando secos y nos podemos quedar tirados en cualquier momento. A la salida del parque hay una gasolinera que nos salva de milagro. También un autobús que lleva unos enormes carteles que dicen: ‘Misión posible: cruzamos pueblos con la palabra de Cristo’. Se está haciendo de noche y decidimos ir a Wounded Knee. Un sitio de infausto recuerdo para los indios ya que aquí masacraron a 300 indios lakotas en 1890, entre hombre, mujeres y niños. Vamos hasta Kadoka por la Interestatal 90, para luego bajar por la 73. hacemos casi 50 millas, y sólo nos cruzamos un camión. Lo mejor es que podemos apretar un poco al no haber nadie. Aquí seguro que no hay ni un polícia. Al llegar a la US Hwy 18, giramos hacia el oeste y mi mujer ya no quiere más coche. En la siguiente población, buscamos un motel. La elegida es la población de Martín. Escogemos el Harold’s Motel (creo que es el único del lugar), regentado por un indio nativo. Es el típico motel de una sola planta con forma de U con las habitaciones a pie de calle. Vas a recepción, preguntas si tienen habitaciones libres, pides que te la enseñen para comprobar su estado, das el OK, pagas la tarifa (siempre visible al lado del mostrador) y te dan las llaves y el número de habitación. Aparcas el coche delante de la puerta y ya está. No lleva más de 10 minutos en total. Y la mayoría de veces son habitaciones con dos camas de matrimonio. La verdad es que empiezan a verse numerosos nativos americanos. Buscamos un lugar para cenar y encontramos un Diner típicamente americano, de aspecto un poco triste. El pueblo es un cruce de carreteras y no se puede pedir más.

DÍA 4 (12.08.2009) MARTIN-PINE RIDGE-CARHENGE-SCOTTS BLUFF-NORTH PLATE-KEARNEY-GRAN ISLAND-LINCOLN

Empezamos el día muy temprano y enfilamos hacía Wounded Knee. El lugar está en medio de la nada. Damos una vuelta por el pueblo y la manera como viven los nativos es una vergüenza. Viven en la miseria, con unas condiciones de vida en la reserva peores que las de muchos paises del ‘Tercer Mundo’. Nos vamos a Pine Ridge, y aquí, aunque el pueblo es más grande, la sensación de dejadez y miseria es mucho mayor. Pine Ridge es una de las zonas más deprimidas de los Estados Unidos: el 80 por 100 están en paro y poseen un índice de suicidios que dobla la media nacional y una expectativa de vida de sólo 43 años para los hombres y 52 para las mujeres. La verdad es que el lugar impresiona y acojona un poco. Al hacer una foto del edificio de bomberos con los camiones, todos los nativos de la puerta (menos uno), se dan media vuelta. En otro lugar al intentar hacer una foto, me dicen de todo con gritos y todo tipo de gestos. Aquí sobramos. En la gasolinera del pueblo, compramos algo para desayunar junto al Sheriff, que también es un indio. Me recomienda que no me meta por ciertos lugares, ya que la zona es un poco peligrosa. Nos metemos en el coche, damos una vuelta, y nos vamos con la sensación de que a los nativos de este país los tienen abandonados. Una vergüenza. Al entrar en Nebraska cruzamos una zona casi montañosa y seguimos estando solos en la carretera. En un campo de girasoles, vemos la también típica estampa americana de fumigar con una avioneta. Nos pasa por encima de nuestra cabeza un par de veces.

La siguiente parada será ‘Scotts Bluff National Monument’ en Nebraska. Pero antes de ello pasamos por Carhenge, justo antes de llegar a Alliance, donde se juntan la 87, la 2 y la 385. Carhenge es una réplica o imitación moderna de Stonehenge, pero hecha con 38 coches. En la pequeña oficina que hay, todas las paredes están llenas de una colección (aún les falta alguna) de matrículas del estado de Nebraska.
Un detalle de la carreteras americanas, es que cada estado las decora con un símbolo o con un significado concreto. Por ejemplo aquí en Nebraska, con una carreta del oeste en la Oregon Trail Road. Es también muy frecuente encontrarse con carteles de “adopte una autopista”, que consiste en que una empresa o un particular pagan una cantidad a cambio de que su nombre figure en dichos carteles, y así pagan el mantenimiento de ese tramo. Aquí se puede patrocinar cualquier cosa. El marketing hasta el límite. Pasamos por Gering, una pequeña ciudad con anchas calles y edificios tipo oeste de dos plantas. Muchos cerrados o abandonados. Un típico pueblo-ciudad de Nebraska o de cualquier otro lugar de América. Por la calle no hay nadie. De hecho todo el mundo se desplaza en coche, en la costa o en el centro. Y es que los pueblos y las ciudades están diseñadas de manera que todo te queda tan lejos, que tienes que desplazarte en coche. Y por eso el coche para ellos es básico. Y cómo más grande mejor. Hace mucho calor, el coche marca 39º. Llegamos a ‘Scotts Bluff National Monument’, unas serie de 5 formaciones rocosas con un enorme peñón de 330 metros en medio de las planicies del noroeste de Nebraska. En las travesías hacia las Montañas Rocosas, Scotts Bluff se convirtió en un lugar de paso obligatorio por lo fácil que era encontrarlo. En Miles de caravanas a través de la Oregon Trail pasaron por aquí, de camino al estado de Oregón, buscando una vida mejor. También la ‘Mormon Trail’ pasaba por aquí, de camino a Utah, así como numerosas expediciones militares. La vista desde lo alto es increíble, se ve hasta el infinito. Hace un calor de muerte. Mi mujer ni se baja del coche. El paisaje aunque se ve verde, es muy árido. De regreso a la carretera US 26 y de camino en dirección Este, pasamos por Chimney Rock, una aguja geológica de casi 100 metros, en medio de la nada, visible a decenas de kilómetros.
A partir de ahora tenemos que dirigirnos al Estado de Iowa, pero antes pasaremos por el Lago C.W. McCnaughy (el típico centro recreacional americano alrededor de un lago) y por North Platte, donde se encuentra la casa-rancho de Búfalo Bill. A las afueras hay un enorme estadio para rodeos. North Platte es la más grande concentración de vias de tren del mundo del tipo ‘railroad yard’ (no sé su traducción exacta, pero es la cantidad de vías de tren que nacen de una, para distribuir trenes). creo que he leído que tiene 150 vías en paralelo, más de 3 kilómetros de ancho.Entre el lago y North Platte, nos comemos un pizza en la población de Ogallala, ya que en una revista local hemos visto un foto de lo que parece ser una calle auténtica del oeste. La buscamos y son tres casas del oeste en línea, donde deben hacer espectáculos en días especiales. Nada de otro mundo. A nuestro lado comen un hijo y un padre con aspecto 100% vaquero, que nos preguntan que hacemos en ‘su’ pueblo.  Entablamos conversación y cuesta bastante entender el acento. Aquí todos hablan con un acento terrible, mucho más cerrado que en Dakota o las dos costas. El pueblo es como todos los otros, Seguimos tirando millas, paralelos a la vía del tren, cruzándonos con trenes con cientos de vagones de carga. Y con la bandera americana bien grande en las locomotoras que llevan el siguiente lema: “Construyendo América”. Tanto en los estados de Dakota como aquí en Nebraska, se ven bastantes coches de los 70 y los típicos Pick-up americanos, eso sí, algunos muy viejos. Y la mayoría de conductores con camisas a cuadros. Y la gorra, claro. O el sombreo de cowboy. Estos es el lejano oeste, ahora llamado medio oeste., y hay miles de cabezas de ganado, bolas de paja y gente con sombreros. Aquí es donde están los auténticos cowboys (aunque seguramente Wyoming hay más).

Y luego está la radio, en la que encuentras de todo: música de todos los estilos, noticias, debates políticos, deportes (exclusivamente americanos), y las que son de carácter religioso, con una narración bíblica interminable. Y aquí en el Medio Oeste hay, y muchas. Es la América de Bush. La América del hombre blanco. La verdad es que como detalle muy destacado, es que no se ve gente de color. Todos son blancos. Es sorprendente. Ni en Dakota del Norte o del Sur recuerdo haber visto ninguno. Veremos en estos otros estados. Aquí la mayoría de pegatinas (en coches y motos) y de anuncios en las casas, son de McCain/Palin. En esta parte de América se creen el miedo que les meten los políticos. No me imagino en Barcelona a la gente colgando en los balcones la foto de su político preferido, durante unas elecciones. O llevar un pin o una gorra de lo mismo. Otra actividad muy americana.

De vez en cuando salimos de la autopista para coger alguna carretera local y atravesar pueblos con la típica calle principal, y luego los alrededores residenciales, con las casas de dos pisos, la bandera americana, el jardín perfectamente cuidado (algunas veces con los típicas figuras de gnomos), la mecedora en la terraza, etc. Y son así en cualquier estado. Depende de donde está el pueblo y del tamaño, hay más ambiente o menos. Esto es América. Pero la sensación de ir atravesando pueblos polvorientos en medio de la nada es única. El paisaje de Nebraska se compone de enormes praderas e interminables extensiones de campos de trigo  y algunos pequeños lagos. El ganado vacuno también esta presente por todos lados. Las famosas Grandes Llanuras son aquí omnipresentes. Como más nos vamos acercando al este, vamos viendo los típicos graneros enormes de color rojo.

Vamos siguiendo la ‘Lincoln Highway Byway’ que discurre paralela a la Interestatal 80 y que fue la primera autopista transcontinental de América (de Blair a  Kimball). Vamos pasando por pueblos de esos polvorientos, en los que no sé ve a nadie. Las carreteras discurren a lo largo de ondulantes colinas cubiertas de hierbas altas (de hecho, la zona de dunas más grande de los EE.UU., las Sandhills (Colinas de arena) están en el centro de Nebraska). Son de una extensión enorme y son dunas de arena depositada por el viento, cubiertas de hierba y debajo poseen agua subterránea que se filtra de las lluvias.

El sol se pondrá dentro de poco y habrá que ir buscando un lugar para dormir. La puesta de sol detrás nuestro es espectacular. Mi mujer se ha dormido y voy tirando millas. Regreso a la Interestatal 80 para ir más rápido. Ya es de noche y de repente en la mediana se encienden unas luces. La policía. Miro por el retrovisor y el tío da media vuelta en medio del carril rápido de la autopista. En menos de 30 segundos lo tengo tan pegado a mi parachoques trasero, que pasa ni un papel de fumar. ¡Que exagerados! De golpe me enciende toda la parafernalia luminosa del morro y me deja ciego. Me paro en el arcén, y me quedo en el coche. Pasa un minuto y baja del coche andando con una mano al lado de la pistola. Primero mira el asiento de atrás y luego me hace bajar la ventanilla. Me comenta que iba a 77 millas por hora (creo que el límite son 70) y me pide los papeles. Me hago un poco el tonto. Me hace algunas preguntas típicas: de donde somos, que hacemos en Nebraska, de donde venimos y a donde vamos y ¡si llevo algún arma! Le respondo y se vuelve a su coche. Pasan unos minutos y vuelve con los papeles y un ‘warning’. Que es un aviso de que si me vuelve a parar un policía en Nebraska, me multaran. La suerte es que de un estado a otro no pueden saberlo. Y ya estoy casi en Iowa. Sólo de pensar que que si el poli llega a estar parado 10 millas atrás, me pilla a 100 millas por hora y se me cae el pelo. He tenido mucha suerte. Me deja ir y me agradece que visite su estado. La verdad es que todas las veces que me han parado en Estados Unidos o Canada, los polis han sido muy amables. En cuanto ven un turista, les sale la sonrisa. No tengo ni una queja.

Mi mujer ya se ha despertado con todo el follón, y me comenta que ya me lo había dicho, que iba demasiado rápido. En la siguiente población, Lincoln, que es la capital de Nebraska, buscamos un motel para dormir. Después de dar unas vueltas por el Downtown, encontramos uno en la zona de las afueras y vamos a buscar algo de comer en un chino que hemos visto unas calles atrás. Hoy ha sido la que será la peor paliza en kilómetros del viaje. Pero ya estamos a lado de Iowa. Y seguimos sin ver hombres de color. No me extraña que aquí siempre se vote republicano. Aquí a Obama no lo quieren ni en pintura.
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11 de marzo de 2009

DÍA 1 (9.08.2008) BARCELONA-AMSTERDAM-MINNEAPOLIS-BISMARCK

Cuando empiezas a planificar un viaje siempre dudas (depende de a que zona horaria vayas) en salir lo más temprano para aprovechar el día o salir más tarde y descansar por la noche. Yo me decanto por la primera opción, y a las 4:15 de la mañana ya estamos en el aeropuerto de Barcelona. A la 06:00 sale nuestro vuelo hacia Amsterdam donde enlazaremos con el vuelo a Minneapolis de las 10:40. A las 12:40 (con 9 horas de vuelo) aterrizamos puntualmente y después de los cada vez más pesados controles de seguridad -tanto en Europa como en los Estados Unidos-, por fin llegamos al mostrador de Alamo en el Aeropuerto de Saint Paul, para recoger nuestro coche de alquiler, con el que recorremos esta zona central de los Estados Unidos, hasta llegar a Chicago y disfrutar de unos últimos días en la ciudad del viento y la pionera en la construcción de rascacielos.

La compañía de alquiler nos deja escoger entre varios vehículos (todos con el maletero abierto), y nos decantamos por uno de 4 puertas de tamaño medio-grande: un Chevrolet Malibú V6. Por supuesto es automático. Salimos del aeropuerto y nos dirigimos por el nudo de autopistas a buscar la Interstate 94 West hacia la ciudad de Fargo, famosa por dar título a la aclamada película de los hermanos Coen. Justo a la salida del aeropuerto se encuentra el ‘Mall of America’, el centro comercial más grande de los Estados Unidos. Enorme. Miles de personas van de un sitio a otro. Compramos algunas provisiones y volvemos a la carretera. La autopista es un poco monótona y con verdes prados a ambos lados. En Estados Unidos la sensación de inmensidad de la naturaleza es asombrosa. Al llegar a Fargo, damos una vuelta por el centro y reponemos fuerzas en un Subway. De Fargo, lo más interesante son las calles del centro y el teatro. A simple vista no se reconoce la ciudad de la película. Ya es media tarde y seguimos nuestra ruta para llegar a dormir lo más cerca posible del Parque Nacional Theodore Roosevelt. La Interestatal 94 son interminables rectas, en las que se puede pisar casi a fondo. Dakota del Norte es un estado muy plano y como curiosidad, es el menos visitado de todo el país. Son kilómetros de praderas onduladas. Aquí los pueblos son mayoritariamente de negocios de ganado. El rodeo como más al oeste más se hace notar. Hacemos noche en el Hotel Select Inn de Bismarck y caemos redondos en la cama por el cansancio acumulado durante todo el día. Mañana nos esperan los búfalos.

DÍA 2 (10.08.2008) BISMARCK-NP THEODORE ROOSEVELT-BELLE FOURCHE-DEVIL’S TOWER-SPEARFISH-STURGIS-DEADWOOD

Nos levantamos temprano por la mañana, y nos dirigimos hacia el Parque Nacional Theodore Roosevelt para intentar observar a los bisontes. La autopista sigue siendo muy recta, y antes de llegar a Medora pasamos por New Salem, donde se encuentra la vaca Sue, la más grande del mundo. Una gigantesta vaca en lo alto de una colina rodeada de ganado. Hacia las 09:00 llegamos a la primera parte del parque, las ‘Badlans’, conocidas como ‘la tierra que Dios olvidó’, debido a su dureza. Es de una belleza abrupta. Un llamativo cartel nos avisa de la presencia de bisontes y de que son animales que pueden llegar a pesar 900 kilos y esprintar 3 veces más rápido que nosotros. Mejor no provocarlos. El lugar es impresionante: la erosión de fuertísimos periodos de lluvia ha dado lugar a un paisaje casi lunar, con alguna masa verde y con numerosas masas rocosas entre serpenteantes valles.

El Parque Nacional Theodore Roosevelt, se compone de tres partes: la zona sur, la zona norte y la comprendida entre las dos, la Elkhorn Ranch. Nosotros visitaremos la zona sur, que se recorre a través de una carretera en forma de bucle de 36 millas. Mientras surcas estas tierras vas cruzándote con numerosos animales: caballos salvajes, linces, alces, perros de la pradera y los impresionantes bisontes o búfalos. Estos últimos los vemos a lo lejos (aunque se oyen perfectamente sus sonidos) y quedamos algo decepcionados.

Pero cuando ya casi hemos acabado el bucle, nos vemos obligados a frenar ya que una familia de bisontes está cruzando la carretera. La verdad es que el animal es inmenso e increíblemente poderoso. Bajamos para verlos más de cerca, aunque los tenemos a cinco metros y los dos mayores de la manada nos miran marcando una zona límite. Su respiración impone. Si se cabrea nos puede planchar el coche. Salimos del parque impresionados por el bisonte (‘tatanka’ en lengua lakota). Desde que ví ‘Bailando con lobos’ quise ver uno y la verdad es que los kilómetros de carretera recorridos hasta llegar aquí han valido la pena. El animal lo merece y el lugar también. A la salida hay numerosas tiendas de souvenirs con todo tipo de recuerdos, compramos un par de cosas y nos vamos.

El próximo destino es la zona de las ‘Black Hills’, en Dakota del Sur, el oeste auténtico, la tierra de Custer. Para ello enfilamos la carretera 85 South, pasando por Amidon, Bowman, Ludlow, Buffalo, Redig y finalmente Belle Fourche. Unos 300 kilómetros en línea recta (casi, casi) entre infinitos campos de trigo y praderas que la carretera corta en dos, son larguísimas rectas con infinitos paisajes a los lados. En menos de 3 horas nos tragamos la carretera (la orografía del terrero permite ver muchos kilómetros delante de ti y ningún lugar donde un coche de policía puede esconderse), ya que el tráfico es inexistente, excepto numerosos Harley Davidson, que nos vamos cruzando. Ninguno lleva el casco. Aquí, lo de ponte el casco aún no ha llegado. Parece mentira, pero es verdad. Eso sí, cuando paras a repostar o a comer, se depiden con un ‘¡conduce seguro!’. Las gasolineras está llenas de recuerdos de la concentración de moteros de Sturgis: camisetas, botas, pins, llaveros, gorras, pegatinas, tops, fotos, chaquetas, pantalones, tazas, banderas, etc. De todo. Pero que los motoristas lleven caso, da igual. No van rápidos, pero van mucho en grupo. Las gasolineras está llenas de recuerdos de la concentración de moteros de Sturgis: camisetas, botas, pins, llaveros, gorras, pegatinas, tops, fotos, chaquetas, pantalones, tazas, banderas, etc. De todo. Al llegar a Belle Fourche (centro geográfico del país) nos desviamos unos 50 kilómetros hacia el estado de Wyoming (el estado de los rodeos y los ‘cowboys’) para ir a visitar el Monumento Nacional ‘Devil’s Tower’, el emblema de Wyoming. Un inmenso y circular monolito de piedra de casi 400 metros de altura y de carácter volcánico. Fue el primer Monumento Nacional declarado como tal de los Estados Unidos, en 1906. Sorprende su forma y su estrías verticales.

Alrededor del monumento, la presencia de motoristas es muy numerosa. Se nota que estamos cerca de Sturgis, donde se celebra la ‘67th Sturgis Motorcycle Rally’, seguramente la reunión de Harleys más grande del mundo. Cae una trompa de agua descomunal durante un rato. A continuación nos dirigimos de nuevo a Dakota del Sur, hacia la población de Sturgis. La presencia de moteros es ya constante. Están por todas partes. En vez de seguir por la interstate 90, nos desviamos por la US Highway 14A, la ‘Spearfish Canyon Scenic Byway’, una carretera que cruza entre desfiladeros y montañas verticales repletas de pinos, siguiendo el curso del río Belle Fourche, ya dentro de las ‘Black Hills’. Estos paisajes son los que aparecen al final de la película de ‘Bailando con lobos’.

Las Black Hills son un grupo de montañas, en su mayor parte en Dakota del Sur y una pequeña porción en Wyoming, con una oscura apariencia con sus cumbres redondeadas que dan nombre al lugar. El descubrimiento de oro en 1874 trajo la llegada de mineros blancos y enfrentamientos con los indios. La famosa victoris india de Little Big Horn, tuvo lugar por estos parajes. El paisaje es precioso, lástima que llueva un poco y el sol no ilumine el lugar. Llegamos a Cheyenne Crossing y seguimos por la misma carretera, cruzamos Deadwood (al ver el pueblo decidimos que dormiremos en el viejo oeste) y al llegar a  Sturgis, aparcamos el coche y comemos en un bar repleto de moteros. Aquí los moteros ya corren y van haciendo alguna que otra barbaridad. Esto es la cuidad sin ley. Cómo no, me pido una hamburguesa de búfalo. Las ‘Harley’ son de todo tipo, aunque predominan las más grandes, y los propietarios tienen todo tipo edades. Se ven algunas Buells y poco cosa más. De japonesas y europeas, ninguna. La cantidad de ‘Harleys’, stands, salones y bares, etc es impresionante. Durante los días del festival se reúnen más de 500.000 moteros. Se nota que hoy es el último día. Su calle principal es un aparcamiento de Harleys, y de moteros a lado y lado. No hay nadie que no vaya con la camiseta del evento. Ël y ella. Con mangas y sin mangas. . Y no ve ni una igual. Esto es algo destacable en este país: en cualquier evento deportivo van todos con indumentaria acorde con el espectáculo. Sea lo que sea. Con pantalón vaquero o de piel. Casi todos/as con botas al estilo cowboy. No hay nadie con casco. ¡Nadie!. Y según me comenta un grupo es obligatorio por ley. Damos una vuelta y volvemos a Deadwood, un pequeño pueblo situado entre montañas, que surgió a raíz del descubrimiento de oro en la zona.

En este pueblo el tiempo se ha detenido, es un auténtico pueblo del oeste. La calle principal parece de otra época. Sólo aparcar, nos cruzamos con Will ‘Bill’ Hickock, un doble que trabaja en el hotel propiedad de Kevin Costner, que se enamoró de la zona mientras rodaba en los alrededores ‘Bailando con lobos’. Buscamos un hotel y nos quedamos en el histórico Franklin Hotel, en la misma calle principal, la ‘Main Street’. Por 100$ nos dan una habitación que debe tener unos 100m2, algo vieja pero correcta, y con un piano. La terraza del hotel tiene unas bonitas vistas sobre la calle, y está a tope de moteros con sus respectivas birras y mujeres.

Salimos a dar una vuelta y aunque es algo turístico, es muy auténtico. Te da la sensación de estar paseando por el viejo oeste. Si has visto la serie ‘Deadwood’, ves el lugar hace más de 100 años. Hay museos, tabernas (algunas históricas), bares, restaurantes y casinos, dobles en las calles, e incluso una recreación por la noche del famoso tiroteo . Visitamos el ‘Midnight Star’ el hotel-bar-casino propiedad de Kevin Costner, que está repleto de gente y de recuerdos de todas sus películas: fotos del rodaje, ropa y objetos. Visitamos el lugar donde estaba el Salón Nº10, el más antiguo del lugar y donde Wild Bill fue disparado el 2 de agosto de 1876. Incluso en el piso de abajo hay una recreación del asesinato con figuras a tamaño real. En el pueblo todos los sitios que se visitan tienen que ver con el viejo oeste. Cómo no, hay el lugar donde capturaron al que disparó a Wild Bill. Esto es américa. La policía de Deadwood se mueve con unos espectaculares Dodge Charger.  Entramos en uno de los numerosos salones y cenamos. Al acabar damos una vuelta por los alrededores de la calle principal y nos vamos a dormir. Ponemos las noticias para ver como van los Juegos Olímpicos, pero sólo hablan de deportistas americanos. Hacemos un poco de zapping y nos enteramos que hace un par de noches hubo una batalla campal en Sturgis, con un par de muertos por bala. Los Hells Angels la liaron con unos polícias del FBI de paisano…
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