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25 de marzo de 2009

DÍA 5 (13.08.2009) LINCOLN-OMAHA-LOESS HILLS- MADISON COUNTY-WINTERSET

Nos levantamos temprano, cómo no, y vamos a dar una vuelta por el centro de la ciudad. Lo primero, entramos en un Starbucks y nos aprovisionamos de comida. Realmente las magdalenas rellenas de-lo-que-sea de esta cadena son inigualables. Lo más destacable de Lincoln, es el Capitolio Estatal, un edificio imponente, que destaca por su altura y por su estatua de 7 metros de una segadora en un pedestal de trigo y maíz, y el distrito histórico de Haymarket Street, unas calles con restaurantes y bares (por la noche debe de haber todo el ambiente de la ciudad) en edificios que antiguamente eran almacenes. La verdad es que tiene su qué. A pesar de estos dos detalles, Lincoln es como el la mayoría de ciudades de tamaño medio de los Estados Unidos: calles anchas, bancos, edificios altos en el centro (la altura y la cantidad depende de la importancia a nivel económico), cafeterías, furgonetas de reparto, etc. Y también algo muy normal en cualquier ciudad americana: los trabajadores se pasean por la calle con el pase de la empresa colgando del cuello. Es tan normal para ellos que forma parte de la vestimenta de cada día. Como el café en la mano. Es otra de las postales de ciudad típicamente americana en el downtown, quizás el único lugar de la ciudad donde se ve gente andando que no sea un centro comercial. A menos que sea un pueblo pequeño o una ciudad tipo Nueva York, San Francisco o algunas otras, no ves a la gente andando por la calle como en otros sitios, aquí el concepto desplazarse a pie es inexistente. Por eso cuando tú vas por la calle te miran como un bicho raro, les sorprende, no entienden el desplazarse de un sitio a otro sin subirse a un vehículo. En el oeste de Nebraska ya no se ven tantas cabezas de ganado o reses como en el centro oeste y que han convertido a Nebraska en el primer productor mundial de ganado. Ahí es nada.
Volvemos al coche y nos vamos hacía Omaha, la llamada ciudad de los millonarios. La parte este de Nebraska ya no es ese curioso paisaje de colinas y picos rocosos cortando el paisaje plano de las infinitas llanuras. La ciudad en si es como Lincoln pero con avenidas más grandes, más desnivel y muchos más bancos. De hecho es la ciudad más grande de Nebraska y está separada por el río Missouri de la de Council Bluffs, en Iowa. En el centro destaca el edificio del teatro de Omaha y el distrito de Old Market con sus bares y restaurantes reciclados. Damos una vuelta y volvemos a la carretera. A pocos kilómetros se encuentra el cuartel general del comando aéreo estratégico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Cruzamos uno de los puentes y entramos en el estado de Iowa. Iowa está delimitado por dos grandes ríos, el Missouri al oeste y el Mississippi al este. Aquí el paisaje es similar al de Nebraska, aunque los campos de trigo son quizás más estensos, y la orografía es más ondulada, con continuas colinas. Subimos por carreteras paralelas a la Interestatal 29 en dirección a Soiux City siguiendo la Loess Hills Scenic Byway. Se trata de una serie de carreteras panorámicas que discurren por vías locales siguiendo el extraño paisaje natural de esta región, con llanuras onduladas poblabas de granjas y pequeñas iglesias. En Iowa estas colinas arenosas tienen la particularidad de que son muy gruesas, y casi siempre cubiertas de hierbas altas, que siempre ondulan cuando sopla un poco de viento, lo que da una sensación de fluidez al entorno. Llegamos hasta Little Sioux y cambiamos en dirección este hasta Soldier, para luego bajar hasta Earling, a través de los condados de Harrison y Shelby. La sensación es diferente a la de los estados anteriores, aquí la gente no se ve ni tan cerrada, ni tan ‘cateta’ (con todos los respetos), ni hay los omnipresentes cowboys de Nebraska.
Seguimos atravesando estos parajes y llegamos a una zona con una serie de pueblos daneses (por la numerosa colonia danesa existente), absolutamente preciosos: Kimballton y Elk Horn. Son los típicos pueblos idílicos americanos, en los que te quedarías a vivir por la agradable sensación que transmiten. Aquí el ritmo de vida se ve pausado, sin prisa. Todo fluye lentamente. Cerca de estos, se encuentra en las afueras de Adair, el lugar donde la banda de Jesse James realizó el primer atraco a un tren blindado, hay un resto de vía y una placa conmemorativa. En Adair empieza la White Pole Road (por tener los postes eléctricos pintados de blanco hasta media altura) que pasa por Casey, Menlo, Stuart y Dexter. La ondulada carretera discurre entre enormes campos de trigo, cortados por granjas y pequeños pueblos. Las granjas con los enormes graneros rojizos son aquí, una realidad. Desde que hemos entrado en Iowa están por todas partes. Todos tienen uno. Igual que el típico buzón americano. O la pegatina patriótica en el coche. En los pueblos, los jardines de las casas están perfectamente cuidados, característica que puede extrapolarse a todo el país. La obsesión por tener el jardín en perfectas condiciones, es increíble. Todos tienen el cortacésped tipo coche, y van dando vueltas y vueltas por el jardín. El 99% de los jardines está inmaculado. Cuesta mucho encontrar un jardín descuidado y en estas comunidades más. También en estos pueblos se ven un grupo de carteles a la entrada del pueblo en el que se anuncian, sobre todo, las diferentes iglesias de la comunidad. Los pueblos ya no se ven tan polvorientos ni descuidados como en otros estados del medio oeste, aunque eso sí, casi siempre hay esos bancos de planta baja, normalmente de ladrillo rojo, tan propensos a ser atracados en las películas americanas. Y un par de coches aparcadas a cada lado, como para dar vida a la calle.

El siguiente destino son los puentes de Madison. Los famosos puentes del libro de Robert J. Wallace, posteriormente reproducido en la película del mismo nombre y dirigida e interpretada por Clint Eastwood. Los puentes se encuentran en el condado de Madison, y fueron levantados a finales del siglo XIX alrededor de la población de Winterset y de los 19 que hubo originalmente, sólo quedan 6: Roseman, Cutler-Donahoe, Holliwell, Cedar, Imes y Hogback. En Estados Unidos mucha gente vive dispersada alrededor de un pequeño pueblo o núcleo urbano (donde está la escuela, los supermercados, el cine, etc.) y la manera de unir las casas y granjas es mediante caminos rurales, que a su vez cruzan pequeños ríos y arroyos, que son salvados mediante puentes y que aquí (y en otros muchos lugares) fueron en algunos casos puentes cubiertos (de los miles que había por todo el país ya sólo quedan unos 800) para poder combatir algunas de las condiciones climáticas (el calor en verano o la lluvia en invierno) a lo largo del año. Aunque también hay quién dice que el motivo es que la parte más cara de construir y de mantener era la estructura y el suelo del puente por lo que se decidió cubrirlos para conservarlos mejor (ya que los laterales y el techo  eran más fáciles de mantener ).

El primero que vamos a ver es el más famoso de todos: el Roseman Bridge, el ‘protagonista’ en la película. Desde la carretera 92 tomamos un desvío que discurre por un camino de tierra (el Roseman Bridge Trail, de gravilla muy, muy deslizante en las curvas, si no vas muy, muy despacio) que y que nos lleva al puente en unos 10 minutos (en un momento del camino hay otro  camino, curiosamente llamado Francesca Ave, aunque no es el que lleva a la casa). La primera impresión que nos causa el puente es de que tiene un estética bellísima. El puente se erige en todo su esplendor en el paisaje maginificando el paisaje.  El rojo fuerte de la estructura en contraposición al verde del paisaje y al azul del cielo contribuyen también a hacer más espectaculñar todo el conjunto. Bajamos del coche y cruzamos el puente a pie. Fue construido en 1883 y sigue en su localización original. El interior es una estructura de madera muy robusta y resistente y el exterior está cubierto de tablones verticales pintados de rojo; el conjunto está muy bien conservado (fue restaurado para la película). Estamos un rato mirándolo desde todos los ángulos y nos sorprende lo románticos y pintorescos que pueden llegar a ser. Es realmente una maravilla. Lo cruzamos arribay abajo no sé cuantas veces. Estás en el puente y te imaginas la situación real en 1965 que explica el libro y lo mágicos que debieron ser esos 4 días entre la ama de casa solitaria de una granja de Iowa, y el fotógrafo trotamundos. Es realmente emocionante recorrer los mismos caminos de esa historia más de 40 años después, sin que los lugares hayan cambiado.
Después de un rato volvemos al coche y volvemos a la carretera principal (la 92) para ir al pueblo en busca del Northside Café. Están haciendo obras y llegamos al cruce con la 169, allí donde al final de la película los 2 protagonistas dudan sobre que hacer, mientras la lluvia cae en Winterset. No hay ni rastro de la gasolinera Texaco que aparece en la película, ya que fue rodada en un sitio distinto. Nosotros no dudamos, y seguimos por la 92 hasta la entrada del pueblo.  El pueblo es bastante pequeño y encontramos el lugar con facilidad. Aparcamos justo enfrente y entramos. El local (abierto desde 1876) está tal cual en la película, exceptuando algún pequeño detalle. No hay nadie y nos sentamos en la primera barra (4º taburete, el mismo donde se sienta el protagonista), al igual que el protagonista de la película. Nos atiende una señora y pedimos un par de Sandwiches para comer. Mientras esperamos damos una vuelta por el local observando las fotografías de la paredes: fotos del local en sus primeros años, numerosas fotos de John Wayne y en la pared del fondo, fotografías (dedicadas por Clint Eastwood y Meryl Streep) relacionadas con la película. Le preguntamos a la señora porque hay tantas fotos de John Wayne y nos dice que él nació en Winterset y que la casa done se crió puede visitarse. No teníamos ni idea. Acabamos de comer y nos vamos a visitar el puente de Cutler-Donahoe, construido en 1870 al norte del pueblo, cerca de Bevington y que fue recolocado en el Parque Municipal de Winterset en 1970, en un extremo del pueblo. Estéticamente no es tan bello como el de Roseman. El tejado es en forma de cuña y los frontales están pintados de blanco. Damos una vuelta por el lugar y nos vamos a ver el siguiente puente, el de Holliwell, que se encuentra a unos minutos del anterior y que también aparece en la película. El puente de Holliwell fue construido en 1880, siendo el más largo de los que se conservan y su estética es igual al del de Roseman.  Fue renovado en 1995 y su localización es la original. Es otra maravilla de puente, y desde la carretera nueva puede observarse en todo su esplendor.
A continuación nos vamos a ver el que está más lejos del pueblo y el que es el más antiguo de los que se conservan, el de Imes, construido en 1870 encima del río Middle y recolocado en su presente localización en 1977. Su estética es muy parecida de Cutler-Donahoe y es el que mejor se ve cuando se circula por la carretera. Está cayendo el sol y apuramos para ir a ver el penúltimo de los puentes, el de Cedar, el único abierto al tráfico de coches. Este puente fue construído en 1883 y es el más corto de todos, con un poco más de 23 metros de largo y es el que aparece en la portada de la novela original y también es el puente en el que Francesca Jonson ayuda a Robert Kincaid a tomar fotografías en la historia del libro. Su localización original era otra y desde 1921 está al norte de la ciudad. Es también por desgracia, el único de los puentes que no es original es su totalidad, ya que después de una profunda renovación en 1998, fue quemado por un arsonista (esos tipos que sienten placer al ver como prende fuego cualquier cosa) en 2002. Lo pasamos varias veces, y hasta mi mujer mi pide conducir para poder atravesarlo con el coche. Parecemos 2 críos. Aparcamos el coche en el Motel y volvemos andando al pueblo para cenar. No hay nadie. El pueblo está desierto. Buscamos algún lugar para cenar y está todo cerrado. Cuando ya estamos resignados y nos íbamos hacía el Subway, vemos a un extremo de la plaza el Grill Pheasant Run (el Blue Note Café en la película) y entramos para poder cenar y tomar algo. Hay poca gente y nos sentimos observados, todos saben que no somos de por aquí. La verdad es que la carne que nos sirven está muy sabrosa. Es tarde y tenemos ganas de dormir un poco. Mañana acabaremos de disfrutar de los puentes.

DÍA 6 (14.08.2009) WINTERSET-DES MOINES-COLONIAS AMANA-DUBUQUE-GALENA

Antes de desayunar, volvemos al Cedar Bridge, que está a 3 minutos del hotel y lo volvemos a cruzar repetidas veces. Desayunamos, cómo no, en el Northside Café y a esta hora (las 8 de la mañana) está medio lleno. Saludamos y la mujer nos recuerda de ayer. Desayunamos copiosamente: yo me tomo dos hamburguesas con dos sandwiches rellenos de tortilla y salchichas acompañado de unas patatas, mientras mi mujer escoge algo bastante más ligero. Esto es desayunar y lo demás son historias. A diferencia nuestra, los americanos consideran el desayuno como la comida más importante del día y por eso siempre es tan abundante. Nos despedimos del local con cierta tristeza y nos vamos a buscar la casa donde nació John Wayne, que se encuentra, cómo no en la John Wayne Drive. Los carteles de la calle tienen el rostro del mítico actor. La casa es muy sencilla, de una planta y con un pequeño porche, al lado de la sencilla casa familiar se encuentra la oficina turística de la asociación de John Wayne, que entre otras cosas está recaudando unos 5 millones dólares para abrir una nueva fundación. En el parking que hay al lado de la casa hay una furgoneta estilo Equipo A pintada con todo tipo de imágenes de John Wayne, y con el nombre ‘The Legend’ escrito en cada lado. La verdad es que es una horterada (si no eres fan) pero es un trabajo impecable. En el interior de la furgoneta, más de lo mismo. Volvemos al coche y nos vamos otra vez a ver el Roseman Bridge por última vez. Esta vez circulamos por el camino tranquilamente para evitar sustos. Damos una vuelta para despedirnos y entramos en la casa que hay al lado del puente para comprar unos recuerdos.

La verdad es que es de aquellos sitios que a uno le cuesta marchar porque tienen un encanto especial, hay algo mágico en el ambiente que te retiene. Pero nos esperan otros muchos lugares que visitar, empezando por el último puente: el de Hogback, construído en 1884 y que permanece en su localización original. Cruzamos nuevamente el pueblo y al llegar a la altura del pequeño aeropuerto giramos a la izquierda; y seguimos recto hasta encontrar la Hogback Bridge Rd. Que nos lleva directamente al puente. La estética es muy parecida al de Roseman, y su situación permite verlo en perfectas condiciones. Este será el último puente que veamos, ya que al volver a la carretera 92, iremos hacia el norte a encontrar la casa de Francesca. Rondamos por el puente, despidiéndonos de estas estructuras rojas enclavadas en el verde paisaje del condado de Madison, tratando de memorizar cada detalle del puente para no olvidarnos de su perfecta silueta horizontal.

A través de la carretera G4R llegamos al desvío donde se encuentra la casa. Giramos a la derecha y a unos 700 metros se encuentra el camino de entrada a casa. Ya nos han avisado de que está cerrada al público, desde que en 2003 otro pirómano (o quizás el mismo imbécil) le prendió fuego. La casa fue construida a finales del siglo XIX, y hasta que fue restaurada para la película estuvo más de 35 años abandonada. Después de la película se conservó tal cuál en la película y se podía visitar durante los meses de verano. Hasta que llegó el prende fuegos y la dejó cómo está ahora. Otra vez abandonada.

En la verja de entrada hay un enorme cartel que avisa de que es propiedad privada y la casa permanece vigilada. Desde donde estamos se observa perfectamente la casa de dos pisos con los techos rojizos del porche y de la casa. Tampoco se ve tan descuidada. En un extremo está la vieja furgoneta verde de Robert Kincaid aparcada entre los matorrales. La hierba está bastante alta y nos pensamos si cruzar la verja o no. Esto es América y te meten en la cárcel por cualquier tontería. Pero la verdad es que vale la pena ver la casa de cerca, si salta alguna alarma tardarán al menos 15 minutos en aparecer y podemos decir que somos dos turistas de viaje por Iowa. Saltamos y llegamos a la casa. De cerca se ven los daños que tiene la casa y el porche está en bastante mal estado por lo que nos limitamos a observarla desde fuera. Alrededor de la casa hay unos graneros y después de hacer unas fotografías nos volvemos al coche. Miramos la casa por última vez, sabiendo que este es el último de los recuerdos de la película. Nos invade una extraña sensación de tristeza. Por el retrovisor  vemos el camino ondulante de las colinas de Madison County. Llegamos a la carretera y giramos a la derecha. Los puentes de Madison y el pueblo de Winterset son ya un excelente recuerdo. Aquí cerramos la historia de Francesca y Robert Kincaid.

La carretera nos lleva a la Interestatal 35 con destino a Des Moines. Otra ciudad típicamente americana del medio oeste (y del resto del país) con su downtown de edificios altos y la escasez de gente por la calles. Especialmente notorio en esta ciudad debido al sistema Skywalk de pasarelas interconectadas con los edificios de acero y vidrio; 5 kilómetros que unen 20 manzanas (al estilo de Hong Kong, aunque el motivo sea distinto). La famosa feria Iowa State Fair  se celebra cada año en esta ciudad. Des Moines tiene la particularidad de que es la tercera ciudad en el mundo en contratación de seguros y eso la hace ser un importantísimo centro de negocios, además de un destacadísimo productor de ganado. La enorme iglesia de estilo renacentista enclavada en lo alto de una colina no pega para nada en la estética de la ciudad. Su centro de arte, el Des Moines Art Center son unos edificios con una importante colección de arte americano del siglo XX, diseñados por una tríada de arquitectos de primer nombre: Pei, Meier y Saarien. Esta vez no bajamos del coche y vamos conduciendo sin rumbo por las calles y colinas de la ciudad. Gracias a esto encontramos un espectacular barrio de casas victorianas perfectamente conservadas (al estilo de San Francisco) y una tienda de coches de los años 50-70 absolutamente increíble. La tienda debe tener más de diez mil metros cuadrados (si, 10.000) y hay de todo: Ford Mustang, Chevrolet Corvette, Dodge Charger, Cadillac Coupe Deville, Packard, etc. Es un auténtico museo de coches americanos (todos en venta), especialmente los llamados Muscle Cars. La tienda se llama American Dream Machines y es un paraíso para los amantes de los coches americanos ‘cañeros’ de los 60 y 70. Me dejan pasearme sin ningún problema, incluso por el taller y hacer todas las fotos que quiera. No sé donde mirar, no doy abasto). Pido una tarjeta y vuelvo al coche. Nos vamos hacia las colonias Amana, en el este de Iowa.
Salimos de la Interestatal 80 Este y cogemos la U.S. Highway, pasamos por Newton, donde vemos todo un lateral de una casa pintada con la bandera americana. Hay que hacer país. En las afueras se encuentra el Iowa Speedway, un circuito oval de tamaño pequeño, entramos dentro y aparcamos justo encima de la grada (el circuito está hundido en la tierra). Cómo no hay ningún coche rodando nos vamos. Una diferencia muy importante con los circuitos europeos es la excelente accesibilidad que tienen los americanos y canadienses a los circuitos de carreras. Tú puedes llegar al borde de la pista sin ningún problema. Y todos tienen la tienda abierta. Es otra mentalidad. El espectador (y fan) es a quién se le debe todo. No como aquí. En California hace cuatros años en un circuito oval me dieron 20 vueltas en un  coche de la Nascar, sólo por el detalle de haber ido a visitarlos. Pero esa es otra historia. Regresamos a la U.S. Highway 6 y pasamos por Grinnell, Ladora y llegamos a las Colonias Amana, 7 poblaciones históricas (South Amana West Amana, High Amana, Middle Amana, Amana, East Amana y Homestead) fundadas en 1855 por inmigrantes alemanes como una sociedad tipo comuna religiosa sin ánimo de lucro y que resistieron como tal hasta mediados de los años 30 cuando las tensiones internas acabaron
La primera de las colonias que cruzamos en South Amana, Todos los edificios originales son de madera o de piedra, de aspecto muy sencillo y en un excelente estado de conservación. Pura austeridad. A continuación pasamos por High Amana y Middle Amana. Poblaciones muy parecidas a la anterior. Llegamos a Amana, la primera que fue fundada, y se nota que es la principal población de las colonias, tanto por tamaño como por los coches aparcados (pocos, todo sea dicho, pero bastantes en comparación con las otras colonias). Los edificios siguen siendo igual de austeros, aunque aquí destacan algunos edificios bastante grandes como el Amana Museum (donde entramos y el encargado nos explica la historia de la colonias Amana) y en el otro extremo del pueblo la Furniture Store o la Amana Woolen Mill. La verdad es que el conjunto es precioso y muy tranquilo. Hay algún hotel por si te apetece quedarte a dormir. El turismo es actualmente otra fuente de ingresos muy importante para las Colonias Amana.

Paseamos por el pueblo y compramos algunos productos de recuerdo. Si no fuese porque es temprano nos quedaríamos a dormir, ya que el lugar es muy agradable. Es como un oasis de paz y tranquilidad en medio del frenesí actual. Otro mundo. A veces sorprende que haya gente que sea capaz de vivir de manera tan sencilla. Es admirable.

Volvemos a la Interestatal 80 y llegamos a la Iowa 80 Truckstop, el área de servicio para camiones más grande del mundo. La cantidad de camiones aparcados por todos lados es absolutamente descomunal. Los Mack ganan por goleada. En el local donde puedes comer y comprar alguna cosa, tienen, además de la habitual bandera americana por $7.99, unos marcos (llamados Freedom’s Call) en los que sólo tienes que pegar la foto de tu héroe (militar, por supuesto) y en los que hay un texto a mayor gloria del país, de cómo ese que está en foto, está defiendo los valores americanos por todo el mundo y lo orgulloso que está todo el país de él. Es todo tan patriótico que roza lo surrealista y el ridículo más espantoso. Pero seguro que los venden como churros. Les hago un par de fotos y los de la cola me miran como entre sorprendidos y confusos. Les dedico una sonrisa y me voy. Volvemos a la carretera y subimos por carreteras locales, pasando por Olin, Monticello y Dyersville.

Dyersville es conocido (entre comillas, claro) por dos cosas: por tener el museo más grande del mundo de juguetes de granja y por ser el lugar del famoso Field of Dreams (Campo de sueños). Un campo de béisbol en medio de un inmenso campo de trigo que fue construido para la película del mismo título protagonizada por el entonces semidesconocido Kevin Costner, que interpreta a un granjero que comienza a pensar, guiado por una misteriosa voz, que debe construir un campo de baseball en su campo de trigo. El campo se quedó como localización de la película y cualquiera puede ir (en los horarios en que permanece abierto) con sus amigos a jugar a béisbol o pasear por entre los campos. Es muy popular en los Estados unidos. La lástima es que cuando llegamos son la 18:30 y han cerrado (tampoco es que nos importe mucho, pero ya que estábamos aquí, nos hacía gracia). Deshacemos la carretera, que atraviesa los altísimos campos de trigo y nos dirigimos hacia Dubuque, en el norte de  Iowa, en la llamada frontera triple, compuesta por Iowa, Wisconsin y Illinois.

Llegamos a Dubuque, una población situada junto al río Mississippi, donde se encuentra el ferrocarril  panorámico más corto y empinado del mundo. Se está haciendo de noche y buscamos un hotel para dormir. Mientras damos vueltas con el coche, llegamos al margen del río, donde hay una serie de barcos con enormes ruedas de palos al estilo Mississippi que acogen restaurantes y casinos. En la entrada del casino hay decenas de fotos de ganadores de premio colgadas en la pared a modo de reclamo. Volvemos al coche y la verdad es que Dubuque no nos gusta demasiado y decidimos ir a hacer noche al encantador pueblo de Galena, ya en Illinois.
No queremos dar más vueltas y escogemos el Ramada Inn en las afueras de Galena. Se trata de un Hotel, Motel y Lodging con una relación calidad-precio buenísima. Subimos las maletas y volvemos al coche para ir a buscar algo de comer. Estamos cansados y no nos apetece mucho ir a comer fuera, con lo que nos vamos a un Wal Mart y compramos algo para cenar en el hotel. Wal Mart para aquellos que lo conozcan es la compañía minorista más grande del mundo; por sus ventas y número de empleados (casi dos millones de empleados) es sin lugar a dudas la mayor compañía del mundo (en 2006 tuvo 315.427 millones de dólares en ventas y 11.231 millones en ganancias, la que más factura). Para hacerse una idea, si tuviera su propia economía, sería la 30ª en el mundo, justo detrás de Arabia Saudita. Ojo al dato. Mañana será otro día.
Christian Bosch
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