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27 de marzo de 2019

Hola Xavi, solo unas breves palabras para comentarte que nuestro viaje por Polinesia ha sido  inolvidable, un viaje con una organización perfecta y una atención personalizada en todo momento.
Habéis conseguido convertir nuestro viaje a la Polinesia en una experiencia altamente recomendable.

Un placer haber puesto en vuestras manos la organización de este viaje que nos ha permitido conocer y disfrutar de las islas de Tahaa, Bora Bora y Tikehau.

Muchas gracias Xavi y a todo vuestro equipo local.

Jose Maria y Ana

 

 





11 de junio de 2018

Nuestra luna de miel en Polinesia es ya un maravilloso recuerdo grabado a fuego en nuestras memorias para el resto de nuestras vidas.

No es fácil acertar así cuando las expectativas están tan altas y la ocasión no da margen de error, pero el viaje ha sido un éxito total y XFV ha sido clave en conseguirlo.

Estuvimos un par de noches en Tahití, 4 en Moorea y 5 en Bora Bora. ¿Qué es el paraíso? Pues ahora ya lo sabemos: islas de ensueño, aguas cristalinas, arena blanca, palmeras por doquier, fauna marina, fruta tropical, clima perfecto, gente estupenda, los sonidos de un overwater, desayunos de rey, ‎música en directo, aventura, cultura, naturaleza y romanticismo en cada rincón. 

Si a todo ello le añades la perfecta organización, profesionalidad, experiencia, puntualidad y continuos detalles de Xavi y su equipo, pues el resultado es que simplemente no se puede pedir más!!

Sin duda repetiremos con vosotros!

David y Eva





8 de mayo de 2015

Más que un viaje, una experiencia excepcional

Apreciado Christian-san: Escribimos esta valoración de los 21 días pasados en Japón en primavera de 2015 con una sola motivación: contagiar a quienes puedan leer estas líneas en el futuro nuestra profunda satisfacción y entusiasmo por el viaje realizado de tu mano y de la mano de tus colaboradores en Xavi Fernandez Viajes.
Estamos convencidos de que las claves de la felicidad que nos ha procurado el viaje son, en esencia, tres:

a) Haber viajado a Japón en primavera, coincidiendo con la floración de los cerezos.
b) Haber dado al viaje un perfil enfocado al Japón tradicional, lo que supone alejarse en muchos momentos de las grandes ciudades, experimentando con calma el Japón rural.
c) Haber optado en toda la medida de lo posible por alojarnos en ryokanes, es decir, en hoteles tradicionales.

Nos decía en un perfecto inglés el amable conductor que nos trasladaba desde el puerto de Miyamijaguchi a Hiroshima: “En estas fechas, los japoneses nos volvemos locos con los cerezos en flor”. Replicamos en nuestro bastante menos perfecto inglés que nosotros mismos, sin ser japoneses, nos estábamos también volviendo locos. Y es que, Christian-san, quien no haya estado en Japón en días como estos no puede figurarse cabalmente lo que supone la floración de los cerezos por mucho que crea imaginárselo gracias a fotos u otros reportajes: es de una belleza sublime, pura magia, algo inefable. La contemplación de los campos, los jardines, los bosques,… te hace amar, entregarte sin reservas al país; y a su gente, que a su manera, con toda calma y frecuentes exclamaciones de admiración, disfrutan a tu lado de la contemplación de esa naturaleza modificada y embellecida por su hábil mano.

Porque hay que entender que los cerezos no te rodean (por todas partes) ni por azar ni para producir cerezas (de hecho, no producen ni una sola) sino para producir belleza. Y es tal la sensación que generan esas largas e increíbles ramas floridas y entrelazadas que no puedes sustraerte a una cierta agitación: no puedes dejar de mirar aquí y allá, de ir y venir, de hacer foto tras foto insaciablemente, de sentirte en una vorágine incontrolable. Y no puedes dejar de recordar aquello que leíste hace tiempo, y que solo has intuido cuando has visitado algún gran museo: el síndrome de Stendhal, la reacción inquietante que genera la acumulación de belleza en un mismo lugar, la exuberancia del goce artístico.

Por otro lado, en un momento del viaje, la encantadora acompañante que tuvisteis la previsión de incluir en el desplazamiento entre Koyasan y Kumano Hongu nos decía: “Les felicito por el viaje que están Vds. haciendo: no es común. Quien viene a Japón y se limita a conocer Tokio, Kioto, Osaka, Hiroshima, etc., no puede conocer el país, se pierde más del 70 % de lo que es propiamente Japón en realidad”. En este sentido, creemos que, efectivamente, el hecho de visitar la península de Kii (es decir, Koyasan, Kumano Hongu, Katsuura) o la zona centro-occidental (Kanazawa, Takayama, Matsumoto, Narai, Tsumago, etc.) es todo un acierto: transmite al viajero la paz, la espiritualidad, la contemplación tranquila de la belleza que difícilmente permiten las grandes ciudades y sus aglomeraciones de público en los puntos clave (como ciertos templos de Kyoto, desgraciadamente, pese a su extremo interés).

Finalmente, recorrer el Japón rural te permite gozar de los ryokanes, los hoteles tradicionales, que, pese a nuestra información previa, han superado ampliamente todas nuestras expectativas en muchos órdenes: la belleza sencilla de las habitaciones y su amplitud, el confort natural e inesperado de los futones, la comodidad envolvente y el atractivo visual de las yukatas (o kimonos ligeros) que se te invita a usar en todo momento, la exuberancia, plasticidad y gran calidad de las cenas (y desayunos) tipo kaiseki, servidas al modo tradicional y en muchas ocasiones en las propias habitaciones; y por encima de todo, la extrema amabilidad, dulzura y dedicación de las muchachas puestas a nuestra atención desde el primer momento de nuestra llegada. Por no hablar de los onsen o baños tradicionales de los que todo ryokan dispone y a los que, por muy inquietante que resulte de oídas su pautada utilización, se aficiona uno muy rápidamente.

El origen de todo

Todo empezó en septiembre de 2014 con la nota que te enviamos, Christian-san, después de haber examinado con atención vuestra web, con la que nos topamos de casualidad buscando en Internet una agencia que pudiera organizarnos un viaje largo y a la medida por Japón. Reproducimos a continuación la esencia de dicha nota por si es de utilidad para otros a la hora de perfilar el viaje de sus sueños:

«Somos marido y mujer, de 64 y 62 años de edad. Queremos realizar un primer viaje a la medida (de celebración de la jubilación) a Japón en primavera de 2015 (no hemos decidido aún las fechas concretas; las fijaremos en función de los requerimientos del plan de viaje). El viaje durará unos 21 días. Tenemos mucha experiencia en viajes por cuenta propia, por muchos países, en general más como viajeros que como turistas. Estamos muy interesados en el Japón tradicional, su historia y su cultura. También mucho en su gastronomía o cocina tradicional (tenemos una larga trayectoria en este campo). Nos interesan mucho las manifestaciones culturales, festivales populares, teatro tradicional (noh, kabuki), ceremonia del té, etc. Estamos interesados en la vida rural, pequeños pueblos con encanto, naturaleza “a la japonesa”, ciudades tradicionales; nuestro interés por las ciudades modernas es muy limitado. No somos senderistas, pero querríamos hacer un par de días de marcha tranquila por Kumano Kodo. Nuestra intención es alojarnos, siempre que sea posible y razonable, en ryokanes. Queremos visitar y disfrutar de onsens. Es muy importante entender que no estamos interesados en un viaje de lujo, y sí más bien en un viaje de contenido próximo a la realidad cotidiana de los japoneses (no de los turistas), con las comodidades razonables para gente de nuestra edad y de una capacidad económica media. Seguía a continuación una relación de posibles lugares de interés para nosotros.»

Después de algún contacto telefónico posterior contigo, Christian-san, este fue el plan de viaje que trazaste:

1) Fukuoka
2) Hiroshima y Miyajima
3) Okayama
4) Koyasan
5) Kumano Hongu (2 noches)
6) Katsuura
7) Kyoto (4 noches)
8) Kanazawa
9) Shirakawago y Takayama (2 noches)
10) Matsumoto, Narai y Tsumago
11) Kawaguchiko
12) Tokyo (4 noches)

Las anécdotas

Christian-san, ahora podríamos extendernos contando decenas de anécdotas llenas de gentes amables, educadas, cumplidoras y fiables, honradas,… Pero haría demasiado largo el relato. Contaremos solo tres o cuatro:

1) El tren no espera
El día del desplazamiento de Nagiso a Kawaguchiko teníamos un enlace de tren con un margen de 3 minutos en Shiojiri; estábamos convencidos de que no lo lograríamos. Al llegar a la estación, más grande de lo que suponíamos, lo único que se nos ocurrió fue “vocearle” a un señor que lucía una gorra de la Japan Rail y que estaba dos andenes más allá: “Sumimasen, Isawa-Onsen?” (Isawa-Onsen era el siguiente destino); el buen hombre consultó sus voluminosos papeles y en la distancia no sindicó la vía con la mano; a continuación subió unas escaleras a la carrera para recogernos en la pasarela y llevarnos a la puerta del vagón del tren que nos correspondía. En ese mismo segundo llegó el tren… Ese día se batieron varios récords: puntualidad, amabilidad… y desvergüenza por nuestra parte. Para compensar, hicimos varias reverencias (siempre acogidas con simpatía).

2) El restaurante bullicioso
En Kanazawa decidimos cenar en un restaurante de sushi sin menú en inglés, completamente lleno de bulliciosos japoneses (era viernes por la tarde) que se contaban chistes los unos a los otros (suponemos) y que se reían a grandes carcajadas (o sea, como aquí). Nos sentamos a la barra y empezamos a tantear con palabras sencillas : sushi, sashimi, más sashimi, futomaki (esta palabra ya produjo alguna duda pero resultó muy bien al final), tamago, biiru, nihonshu (o sea, sake),…  Nadie, más allá de la encantadora camarera y del sushi-man parecía ser consciente de nuestra presencia.  Al terminar, nos levantamos y dijimos al sushi-man: “Domo arigatoo gozaimasu. Oishi kataa des!” (o sea: “Muchas gracias. Estaba muy bueno”). Inmediatamente se alzó un coro de voces en el local: “Oishi kata des!, oishi kata des!,…”. Y es que encanta a los japoneses  que los occidentales tratemos de hablar aunque sean tan solo unas pocas palabras en japonés. Baste con decir para terminar que, no sabemos cómo, el sushi-man salió de la barra y fue a la puerta a despedirnos con abrazos y alharacas (cosa que se supone escasamente japonesa…).

3) La pareja dicharachera
Estando en el metro de Tokyo consultando un mapa, se nos acercó una pareja de jóvenes japoneses. Trataron de entender y resolver nuestra duda. Por si no se bastaban, se acercó una amable señora que en brillante inglés redundó en la solución de nuestras dudas. Finalmente, la pareja nos acompañó a hacer la gestión (había que salir del lugar equivocado evitando comprar otro billete) y, antes de despedirnos, ¡estuvieron interrogándonos educadamente sobre nuestro viaje, nuestras opiniones sobre el país, etc., durante no menos de media hora! (como se ve, no todos los japoneses son silenciosos e inexpresivos…).

4) La americana amable
También en Tokyo, en una esquina, estábamos consultando Internet para localizar algún local 7 eleven donde sabíamos que habían cajeros automáticos que podían suministrarnos yenes. Inmediatamente se acercó una ciudadana americana (lo suponemos por el acento) y nos preguntó si necesitábamos algo. Le contamos e inmediatamente nos indicó cómo conseguir yenes rápidamente: “Miren ahí delante, donde pone ATM. Allí hay cajeros” (luego comprobamos que, en realidad, el barrio estaba lleno de ATMs). Y es que en Japón, además de los solícitos japoneses, rápidamente recibes ayuda de cualquiera… (incluso, aunque no la pidas o no la precises).

Dos cuestiones prácticas

1) No se admiten propinas
En Japón no se dan propinas, nadie las espera ni por supuesto las reclama, faltaría más. Para el viajero, es esta una cuestión de extrema comodidad que, junto a la absoluta seguridad de la que disfruta, le permite fiarse de cualquier opinión, indicación, sugerencia, invitación, etc., que reciba. En cualquier otro país, uno dudaría de un conductor que, llevándole en coche de vuelta a su hotel, sugiriera desviarse para ver “un punto de observación especial”. Lo primero que probablemente pasaría por la mente sería, como menos: ”Vaya, ya está buscando una propina”. En Japón, cuando alguien te hace esa sugerencia, por lo general no busca otra cosa que tu propio disfrute (o al menos esa es nuestra experiencia)

2) La conexión wifi portátil
A sugerencia tuya, Christian-san, alquilamos desde Madrid una conexión wifi portátil que nos esperaba allá en el primer hotel que pisamos y que nos entregaron incluso antes de inscribirnos. La conexión, junto con Google Maps, es muy útil para identificar destinos y seguir itinerarios concretos dentro de algunas localidades, donde a veces las indicaciones son un tanto oscuras o los mapas sobre papel están poco detallados.

Agradecimientos

Domo arigato gozaimasu, Christian-san. Gracias a ti y a tu gente aquí y allá, y a todos los colaboradores de Xavier Fernández Viajes, hemos hecho el viaje de nuestras vidas. Después de haber conocido más de cincuenta países y haber recorrido, según Tripadvisor, más de 560.000 kilómetros y un 33% del mundo, este ha sido el viaje que más profunda impresión, más profundo impacto nos ha producido. Nunca lo olvidaremos, nunca os olvidaremos. Soledewa mataa, Christian-san.

Ramón María y Aurora
Abril de 2015





 
 

Xavi Fernández Viatges S.L. - B63494546 - Licencia de Agencia de Viajes mayorista y minorista. GCMD-178 IATA 782838-1
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