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15 de noviembre de 2010

 Madrid  Octubre 2010  buenas tardes:

Estimados míos:

Os envío unos comentarios sobre el viaje, con el fin de ayudar y no de estresar a vuestro corresponsal allí:

1.      Vuelos.  El vuelo internacional fue muy bueno en ambos sentidos.  Es cierto que las butacas no son las más modernas, pero esto tiene el plus de que en cambio son más anchas que las modernas.  No se reclina totalmente la espalda como en las modernas (ni los pies, pero esto también ocurre en las modernas o tendrían que suprimir filas), la pantalla es pequeña y la oferta de entretenimiento también,  pero dormir lo hicimos muy bien, al poder ponerte de lado (cambiar de postura).  También la comida fue buena – a la ida, muy buena – si bien la carne se les queda algo seca.  Lo que es un desastre es la entrega de equipaje en Buenos Aires – da igual que vayas en Business o no – mi marido tuvo que esperar una hora por su maleta y nosotras algo más de media por una de las maletas, con lo cual teníamos a Graciela desesperadita, entre esto y la aduana (desesperada porque no quería que empezase el atasco matutino).

Los vuelos nacionales son otra historia; retraso de más de media hora en Ushuaia (hacia Calafate), en las pantallas ponía que estaba en tiempo, una amable argentina me dijo que si el retraso es de menos de una hora ponen eso porque no tienen que compensar por el retraso, si es más largo sí pero rellenando tal cantidad de papeles que “no merece la pena”.  Las comidas ligeras que sirven son siempre un bocadillo de jamón y queso, con bebida y alfajor de postre…o un toffee a los que tienen una afición desmedida.  A veces había café, otras no.   Pagamos tasas en Ushuaia y en El Calafate, pero no en Iguazú-Buenos Aires y B Aires-Ushuaia.  Nos habían dicho que esto era porque al ser estados – provincias dicen ellos – independientes recaudan sus propias tasas, pero no fue así más que en los dos aeropuertos mencionados que están según me dijo la antipática señora de facturación en El Calafate, con gestión transferida a empresas privadas.  Esto vino a ser 38 pesos por persona, peanuts que dicen los ingleses.  Con la facturación también tuvimos problemas en el sentido de que el límite de peso en cabina es de 5 kilos por bulto y lo excedíamos, esto en clase turista.   Pero solamente pesaron el equipaje en estos dos aeropuertos, y en El Calafate que yo había facturado todo tuve mi rifi-rafe porque dije a mi marido, deja de discutir, voy a comprar una bolsa ahí mismo y me pasáis vuestro exceso.  Ahí entró en razón la señora y me facilitó una bolsa de plástico para que lo hiciera.   Pero cuidado, porque ahí si pesan el equipaje en cabina, según la señora porque si se cae una maleta a la cabeza de alguien y pesa más, hace daño.  Le dije, solo en clase turista ¿eh? Porque los ricos de Business aguantan diez kilos y no les pasa nada!

2.-Guías:  Tuvimos ayuda de dos clases, la persona que nos recoge y deja en el aeropuerto y los de las excursiones, solamente en Iguazú era la misma persona para todo.  Y quisiera poner en proporción el que Hernán fuera… no tan bueno como los otros. Porque no es lo mismo tener una guía para ti solo, o para cinco personas como en la excursión a los lagos, que uno para un autobús entero de gente.    En Buenos Aires nos atendió Graciela, a la llegada nos cambió los bonos y nos fue explicando, en la ciudad, los monumentos que pasamos.  Entró con nosotras al hotel, para asegurarse de que podíamos entrar enseguida a la habitación como estaba ya garantizado y pagado.  También nos vino a recoger  para el vuelo a Iguazú, y en el Aeroparque cuando llegamos de Calafate y volvió a ayudarnos al check-in en el Meliá.  Graciela también nos dejó sus teléfonos por si teníamos algún problema en cualquier lugar o si queríamos contratar algo más, es una mujer estupenda. 

En Iguazú estaba prevista una tormenta eléctrica importante para el día 7, pero ocurrió a la una de la madrugada. Cuando llegamos, el piloto nos dijo que el aeropuerto estaba cerrado por niebla pero que daría vueltas por si despejaba y si no era así, nos llevaría a 200 km de allí (entiendo que a Posadas, que está a esa distancia).  Pero finalmente pudo aterrizar y salimos con las maletas con una hora de retraso.  Nos esperaba María Schmidt, y claro tras ella cualquier otro guía no parecerá peor, porque esta mujer fue una guía excelente.  Se las arregló para que hiciéramos todo el programa pese al retraso (llamando para retrasar la gran aventura, para que pudiéramos comer tranquilos), fuimos a un paso moderado, nos lo explicó todo maravillosamente, fue eficaz en el paso de aduanas, de ida y de vuelta… y discreta, en la comida, dejándonos comer a solas.  Es una cinco estrellas.

Ella, pero también los corresponsales en Ushuaia y El Calafate, nos tramitó la tarjeta de embarque por anticipado, con lo cual no perdíamos tiempo en eso, y todos nos ayudaron y acompañaron hasta estar la facturación hecha.

En Ushuaia nos esperaba también una chica, cuyo nombre ni recuerdo pues quien nos llevó de vuelta fue otra persona.  Allí como en El Calafate, nos avisaban el día antes de la salida sobre la hora a la que nos recogerían, por fax. 

Teníamos dos excursiones, la primera al lago Fagnano y Escondido en un Land Rover (en una caravana de cuatro Land Rovers) con asado que no era de cordero, sino de vaca (no sé porqué).   Nuestro conductor y guía se llamaba Carlos.  Fue informativo, y amable en todo momento; lo peor que puedo decir de esa excursión no es malo, y es que iban haciendo el machito en algunos momentos para dar emoción a la cosa…pero sin peligro. Había llovido bastante (no mientras nosotros estuvimos, hemos tenido suerte), y sí se les estropeó un vehículo por tener que meterse en el barro… y eso no fue alarde masculino, no había otro remedio y nos hicieron bajar para que no nos mojásemos o nos salpicase el barro.  Nos contaron las actividades de invierno que tienen – que sonaban apetecibles, explicaron sobre la turbera, los tres nothofagos nativos, el problema de los castores, y otros animales introducidos, la explotación de la madera de lenga y porqué no se retiraban los árboles caídos por viento o acción de los castores, los límites entre Chile y Argentina y porque eran así, la historia del presidio, de Ushuaia y Tierra del Fuego en general. Fue informativo, ameno y agradable.  La comida abundante (y la carne muy buena) con visita de zorro rojo incluída.  Luego nos fuimos a remar al Lago Escondido, que está bastante resguardado del viento pero nosotras no lo hicimos por temor a mojarnos y pasar frío.  Mi marido sí lo hizo (y se mojó…ehem).  Lo pasamos bien, aunque algo de frío hacía y el hotel con cabañas que está en el Lago Escondido, está cerrado por problemas administrativos. Con pleitos que duran cuatro años ya.    La siguiente excursión era al tren del fin del mundo y  por el parque nacional, ya nos dijeron el día anterior que nuestro guía sería … entendí Arnan, pero era Hernán.

Hernán es una especie de David Bisbal (pelo rizado, aunque morocho que dicen ellos, guapito…), nos estaba contando cosas ya escuchadas pero muchas eran en forma de pregunta a los excursionistas.  Era un bus con cincuenta personas, o casi,  muchas de ellas argentinas que viajaban en familia, con la abuela y adolescentes que lejos de bajarse en las paradas echaban para atrás el asiento para dormir (¿les habrían obligado a ir al fin del mundo?). Es verdad que su discurso es bueno y está articulado en las tres partes protegidas por el parque: flora, fauna y vestigios culturales de los yamanas.  Como todo lo tenía bastante escuchado ya, me interesó sobre todo lo que nos contó sobre la cultura yamana así como la parada en la Bahía Lapathaia, pero en la parte de flora nos hablo mucho de los lengas, mencionando las otras dos especies, sin nombre.  En realidad, nos hacía preguntas en plan “como están ustedes”, y al contestarle los que supiéramos algo, decía que era trampa porque algunos de ustedes estuvieron ayer conmigo en otra excursión (para mí que también hace la de los lagos, Nuria), algo condescendientes o como dicen los ingleses, patronizing.  En una parada que hacen en el lago para tomar café (y ver si compras recuerdos), le pregunté el nombre del árbol de hoja perenne que nadie me lo decía y es el que más me gustaba.   Me dijo que era porque las lengas son el 45 por ciento de todos los árboles y el más escaso era el guindo, el que me gustaba (a él también) cuya madera también era excelente pero no se aprovecha, por su escasez.  Me dio la sensación de que algo le mosqueaba la pregunta, y es que más adelante camino de la Bahía Lapathaia nos contó los nombres de los tres árboles, así que fui seguramente prematura al lanzarme a preguntar.    Sí que sabe de lo que habla, Nuria.  Pero para remate de feria y tras decirnos que a la una y media estaríamos de vuelta en el puerto, y teníamos quince minutos en la bahía (todos volvimos a tiempo, lo que le sorprendió), nos tuvo otros 15 minutos vendiendo una excursión de dos horas y media por el Beagle, quiero decir con el bus parado.  Que podía haberlo hecho en marcha, digo yo, y nosotros queríamos ver el museo (lo vimos, pero no comimos).  Y otra pequeña cosa que me molestó fue cuando vimos cauquenes, decirnos que el macho era mucho más bello que la hembra.  Suelen serlo, en las aves, le contesté de mal café.  Son los que tienen que atraer a la hembra, y en la mayoría de los casos los que tienen los dos  cromosomas x, al revés que en otras especies.  En los cauquenes, yo que sé.  Se reafirmó en que eran más bellos, y punto. Luego se extendió, contestando preguntas, en la monogamia de estas parejas que son de por vida si muere la hembra, pero si muere el macho la hembra se aparea enseguida otra vez; ya pasé de explicarle que tanto el macho como la hembra, emparejados como están de por vida en bastantes aves, se ponen los cuernos que da gusto.  En un experimento hará unos 10 años se descubrió, tomando muestras de huevos en nidos, que había adn de terceros en los huevos. O sea, como se turnan para traer alimento o material para el nido…aprovechan los viajes para ya sabéis que.  Así que Hernán sabe… pero no es la única persona que sabe, y en esta expedición iba un científico a bordo, mi marido. 

Después de haber hablado contigo, Nuria, le dije a mi hija “es que Hernán me pareció…un poquito creído” y ella me dijo ¿un poquito solo? 

El trenecito por cierto, una delicia.  Te mete por zonas que no se ven desde la carretera, y la información está grabada – en español y en inglés – y es buena. 

En El Calafate, el muchacho que nos recogió en el aeropuerto y nos acompañó, Aníbal de Córdoba es un tipo muy majo (novio de la guía que tuvimos en la excursión en barco, Paula … como verás hicimos buenas migas) que nos estuvo informando sobre buenos sitios para comer, donde comprar, habitantes de la ciudad, algo de su historia.  Él – como muchos otros – está allí para la temporada turística.  La excursión en el Quo Vadis fue estupenda, muy cómoda.  No pudimos entrar a la Bahía Onelli, demasiados témpanos de hielo (que seguían cayendo, levantando olas que salpicaban todas las ventanas del catamarán), con lo que no pudimos hacer el paseo que se hace allí.  A cambio navegamos mucho rato por los dos glaciares que sí vimos, el Spegazzini y el Perito Moreno, cara Norte.  La guía nos daba la información precisa según nos acercábamos a un glaciar.  

La guía de la excursión al Perito Moreno, Carolina, estaba muy informada sobre glaciares, pero también sobre la flora nativa, el clima, la historia de la ciudad, de las estancias ovejeras, de la fauna y transmitía la información con naturalidad aunque la fuéramos aturdiendo con preguntas y tuviera que atender por separado a una pareja que hablaba inglés nada más y contar las cosas dos veces.  A Hernán lo comparo, sobre todo, con ella…y gana ella. Pero vamos, que la queja es leve, caramba, que no se lo tome a la tremenda tu corresponsal.

3.-Los hoteles.   Buenos en general, pero con fallos en los baños (sobre todo).  Ningún fallo en el Meliá primera habitación que tuvimos (916) pero la ducha en la segunda (816) era un tanto temperamental, difícil de regular en temperatura (en algunos hoteles el agua caliente sale al revés, y éste era uno: a la derecha caliente y a la izquierda fría), y lo mismo te soltaba el agua por la alcachofa principal que por la de mano, según le diera. Cambio de temperatura incluída.  Podía haber  pedido otra habitación, pero nos lo tomamos deportivamente, así estábamos alerta ya de buena mañana.

  Por lo demás, la habitación grande, confortable (camas, almohadas y sofás…), con un rincón para escribir, buena tele y luces, los desayunos estupendos y el  personal muy amable, con pequeños detalles como unos dulces cuando entras y botellas de agua cortesía del hotel. 

  El Hotel Das Cataratas es espectacular, teníamos habitación con vistas a las cataratas y mucho espacio (separado, para mi hija, por el pasillo de armarios) y un baño con muchos detalles …que funcionaba bien pero el picaporte de la puerta había que manejarlo con cuidado porque le faltaba algún tornillo y se caía.  Cenamos allí, buffet que era excelente y por supuesto es comodísimo para hacerte el recorrido de las cataratas desde el lado brasileño.   Un hotel precioso.

El Fueguino fue una sorpresa agradable; el mejor es efectivamente Los Cauquenes como me dijiste (paramos a recoger gente allí) pero está muy alejado del centro y nos vino mejor poder pasear por las calles – las tres que tiene.  El spa allí en realidad es un gym pequeño con pesas y bicis, sauna, baño turco y unas duchas estupendas, pero lo usamos.  No había nadie a cargo, ni nadie usándolo así que estábamos como en casa.   La habitación era algo más chica que en los demás, pero suficiente y tenía mucho espacio de armarios.  El baño funcionaba bien, pero era pequeño sobre todo en el lavabo-encimera (al menos para tres personas), sin embargo es un hotel con encanto.  Aquí como en El Calafate la oferta de fruta no es tan variada como en Iguazú o Buenos Aires, porque el transporte tarda lo suyo en llegar, abundaban las manzanas o plátanos que aguantan más. 

El Hotel Posada El Alamo tiene un buen restaurante, un golf pequeño, un spa estupendo y piscina calentita, y mucho encanto.  La habitación también estaba muy bien – en el primer piso, estábamos – pero aquí fallaba la ducha cuya alcachofa estaba medio obstruida.   Las lámparas para leer al lado de la cama son muy patagonas pero poco prácticas (en la  pared, con luz algo mortecina, muy bonitas pero poco prácticas), por lo demás es un hotel muy bonito y estar en el jacuzzi viendo atardecer en el jardín que rodea (los dos edificios) un lujo.   Además la situación es estupenda, céntrica pero muy tranquila.

Algo más quería deciros y es que sí que hay excursiones por el Beagle que podríamos haber compatibilizado con el paseo en tren, de haber hecho solamente el tren y vuelta en el mismo tren (yendo en taxi o algo así hasta la estación, claro).

Una pareja norteamericana que se me pegó en la excursión a los lagos y luego seguimos coincidiendo, lo había hecho esa mañana.  Y vieron pingüinos, creo que fueron directos a la isla pero no más allá ni a la Hacienda con lo que les dio tiempo.  De hecho un folleto que me dieron localmente habla de una super excursión – nueve horas nada menos – por el Beagle Y el lago Fagnano; creo que está aumentando ahí el turismo y por tanto cada vez tendrán más propuestas. El museo que vimos (hay varios más, todos pequeños) merece la pena verse, no se tarda más que una hora y está abierto hasta las ocho de la noche, así que es compatible con excursiones.  Está en el presidio antiguo, y cuenta su historia y también hay algo de la historia de su descubrimiento por mar (de Tierra de Fuego), con mapas antiguos, modelos de barcos, etc.     Nos fue muy útil la guía del National Geographic, donde recomiendan el restaurante Tía Elvira, en el paseo del puerto (Maipú se llama la calle).  Es bueno, estaba petado y había que esperar pero es bueno.  Y ya sabéis, la centolla y la merluza negra son especialidades y están estupendas, también había rabas (calamares).  El cordero patagónico al palo lo probamos en El Calafate, aunque la  pareja que vino en el jeep con nosotros dijo que no les había gustado por ser demasiado fuerte, todo va en gustos a mí me pareció muy rico. 

Para regalar, todo el mundo me dijo que Ushuaia es puerto franco (lo es) y barato, pero eso es cierto para licores o tabaco y no tanto para regalos ya que muchas cosas se traen de fuera y el transporte es caro…y además hay precios “para turistas”, así de claro.  El chocolate es estupendo, allí y en El Calafate, y viene bien para regalar igual que los alfajores Havana, en el aeropuerto.   En El Calafate vimos también jerseys francamente bonitos y que no pican, mezcla lana local y acrílico por precios que oscilaban entre 100/200 pesos, aparte bufandas, gorritos y guantes.  Ropa de abrigo hay de sobra, y más barata que aquí pero aún así cara.  Si te olvidas algo, no hay que pasar pena de eso había a barullo.  Abundaban las boleadoras, las calabazas de mate y cosas igualmente típicas pero son esas cosas que luego no se usan ni se sabe bien que hacer con ellas.  Hay un mercado artesanal majo, también en El Calafate, en Ushuaia donde nos llevaron a tomar café tenían gorros – y monederos – de piel de castor, eso cuesta más claro, unos 400/600 pesos.  En Iguazú compramos piedras semipreciosas, en mi caso amatistas porque ya tengo topacios azules y amarillos, más la piedra típica rosita argentina (como mi marido va con frecuencia a Brasil y Argentina…) que están bien de precio pero para una misma.   En Buenos Aires las pieles son estupendas,  pero hay que probarse las cosas, salvo que hay guantes y cinturones de piel de capibara (o carpincho), que es flexible e impermeable.  No pudimos ir a la feria de San Telmo porque no estuvimos allí en fin de semana, pero muchas tiendas están abiertas y tienen pequeñas cosas curiosas y a buen precio.  Pero también vimos bolsas de tela, camisetas, o imanes salados en las tiendas de La Boca (me encantó el caminito, para pasmo de un colega argentino de mi marido con el que cenamos el jueves 14 que lo encuentra…cutre). 

Lo he pasado estupendamente bien, en general vuestros corresponsales me han tratado con un mimo extraordinario, y bueno…. me hubiera podido quedar tres días en Iguazú fácilmente, o uno entero viendo el Perito Moreno desde las pasarelas porque eso es lo mejor: la excursión en barco cómoda y recomendable, pero las estrellas son estar viendo el glaciar desde las pasarelas, escuchándolo y pasar muuuucho tiempo mirando las cataratas.   En cuanto a Ushuaia, no creo que se pueda ver un bosque tan absolutamente exótico  y extraño en muchos lugares (Sur de Australia o Nueva Zelanda, me dijeron allí), y sus montañas son preciosas, no muy altas pero realmente bonitas.  La ciudad en sí tiene un aire muy “lejano Oeste”, de pioneros.  En Buenos Aires me espantó el caos de tráfico terrible que tienen, me deprimió ver tanto edificio antiguo y bellísimo descuidado, me gustó mucho la cantidad de parques y árboles que tiene, árboles preciosos, grandísimos, así como los monumentos – que abundan y bastantes son muy bonitos – aparte de la amabilidad de la gente que es muy, muy cordial.  Un poco pronto era para verlo todo florido, pero por la parte positiva las pasarelas en Iguazú o en el glaciar no estaban tan llenas como lo estarán para Navidad.  

Os envío separadamente algunas fotos; la próxima vez tendré que ir a Puerto Madryn y Península Valdez!

Un abrazo,

Isabel

11 comentarios para “VIAJE ARGENTINA: COMENTARIOS A UN VIAJE EXTRAORDINARIO”

  1. Isabel dice:

    Hola amigos. Vuestra narracion me ha sido de gran utilidad. Viajaré a Argentina proximamente por cuestiones de trabajo y me gustaria visitar solo la parte norte que es mas proxima a mi destino. Dispongo de una semana para hacer turismo ¿teneis alguna sugerencias al respecto?

    Muchisimas gracias

  2. Isabel Pons dice:

    Iguazú está en la parte Norte, y merece mucho la pena. Por la misma zona se pueden explorar las misiones – antiguas misiones jesuitas, que dan nombre a la provincia. Córdoba y su sierra me dicen que son preciosas, y también al Noroeste podrías ver Salta … y el trenecito más alto del mundo, aunque aparentemente hay gente que sufre mal de altura durante el viaje, pero seguro que es espectacular. Y está la pampa, claro.

  3. hermanos garcia dice:

    La verdad que no soy de dejar comentarios pero ese articulo vale la pena, espero estar viajando pronto por argentina. Cualquier sugerencia es buena.! un saludo desde españa

  4. elreydelsuelo.com dice:

    Yo estaré por Argentina en Febrero, entre último de Febrero y principios de Marzo, cuando vuelva os cuento pero todo el que conozco que ha viajado allí dice que es espectacular. Con todo lo hay para ver espero que por lo menos me de tiempo a visitar las Cataratas, Glaciares y Bariloche.

  5. lespinos dice:

    Pues ya nos contaras. Buen Viaje

  6. Laura dice:

    Muy buen trabajo, un post muy inspirador!!!!
    Deseando poder ver en persona los glaciares 😉

  7. lespinos dice:

    Muchas gracias Laura.

  8. Sara dice:

    Qué pasada de viaje!!!

  9. AveExotica dice:

    Que envidia, la verdad que tiene que ser una experiencia fabulosa

  10. Ave dice:

    Impresionante

  11. Carmine dice:

    ¡Impresionante! Sin duda, creo que todo el mundo debería ir al menos una vez en la vida a Argentina 😀

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